Reflexiones sin pies ni cabeza sobre la vida

A Eusebio Simplón, «respirar» no era exactamente lo que le disgustaba.

 A Eusebio, lo que le molestaba sobremanera, incluso llegaba a odiar, era expulsar el aire, la espiración. Se negaba con vehemencia, no quería,  aunque se le inflasen los mofletes con riesgo  de estallar, se le enrojeciera la cara hasta parecer un tomate y los ojos amenazaran con salirse de las órbitas.  En cambio, tomar aire, la inspiración le encantaba, le hacía sentirse feliz.

Inevitable elección que la mente no determina y el cuerpo decide, vivir es la opción. Para saber lo que es peor o mejor, para conocer lo que nos conviene no tenemos tino, afortunadamente el devenir ya está escrito y enrollado en un pergamino.

 «¡Qué mala suerte! ¿Por qué tenía que pasarme esto? No me lo merezco. La vida me trata injustamente. Tengo la esperanza de que las cosas cambien  —y supuestamente vayan a mejor—…».

La esperanza son fuegos de artificio en una noche sin luna. Las heridas y  las satisfacciones que nos ha dejado la vida son justamente las que hemos necesitado para vivir y llegar a ser lo que somos.  Solo podemos ser la manifestación de nosotros mismos, hablar desde nuestra propia experiencia y cicatrices. No nos sirve copiar o repetir lo que dijeron otros,  no nos alimenta lo que digieren  estómagos de otras gentes sino lo que mastican nuestras bocas. Somos inimitables  e insustituibles, una expresión única, seamos un árbol en la cima de un monte o una flor de un cactus solitario en un desierto.  Nuestra vida es nuestro destino, es una misma cosa, las páginas escritas de un libro cerrado que cada uno lee a su ritmo.

Aparentemente todos los días son iguales, en realidad cada día es único,  un pequeño prodigio de la vida, una grandiosa creación. La mayoría de la gente asocia lo que llaman el Big Bang, con un acontecimiento espectacular, ocurrido hace millones de años, en el que intervinieron los grandes protagonistas del cosmos: galaxias, nebulosas, planetas, estrellas, gases, espacio…y sin embargo ¿quién puede negar que el Big Bang no es un acontecimiento que ocurrió una sola vez? sino que es un proceso continuo, nunca interrumpido, creación y destrucción, el día y la  noche, la vigilia y  el sueño, inspiro, espiro…el latido del mundo es  Big Bang y resuena en todo lo que experimentamos a todos los niveles, ya que somos el contenedor  y el contenido, el corazón y el palpitar, el espacio donde todo tiene lugar.

 El mosquito que vive dos días también experimenta el Big Bang. De igual manera, cada una de nuestras células se manifiesta, expande, crece, se contrae y desaparece. La manzana ya está en el manzano aún antes de que salga la flor, esta sea polinizada y aparezca el fruto. En la semilla del interior de la manzana, millones de células y procesos están dando forma a nuevos universos, a nuevos árboles que al igual que un fractal generaran nuevas cosechas de manzanas, y estas de semillas, y así infinitamente. Esperan para nacer, manifestarse y ser, pero de alguna manera ya están ahí, desde hace muchísimo tiempo, nunca han dejado de estar. Algunos lo llaman Eternidad.

Nuestra existencia es conciencia de cada instante, de lo que este nos trae. No hay más que este momento,, y no hay necesidad de elegir una parte. Todo cuanto acontece, sentimos y pensamos, todo está siendo sin nuestra intervención. Los objetos, todas las personas, todo,  absolutamente todo, ten la certeza, es el   regalo que hemos recibido: aquello que somos.

Algunos comparan el conocimiento, la mente humana, con el océano, por su ilimitada inmensidad y por sus profundidades desconocidas…paradójicamente, se llega a la conclusión de que «cuanto más sabemos  más nos falta por saber»  o como dijo aquel otro sabio: «Solo sé que no sé nada».

Aquello que más anhela la humanidad es ser felices. Cada uno tiene su propio concepto de felicidad condicionado la mayoría de las veces a la obtención de algo, un objeto que percibimos como exterior a nosotros, ya sea material, mental o emocional.

Y vamos al océano a coger el agua que nos dará la felicidad, cada uno lleva su recipiente, unos más grandes, otros más pequeños…Al mar no le podemos decir que es tacaño si no podemos tomar más agua, él está enteramente disponible y nos da todo lo que podamos llevarnos.  Depende únicamente de nosotros y de nuestro contenedor la cantidad de mar que podamos recoger. Algunos acuden con camiones cisternas, otros con vasos, cubos, y todo tipo de utensilios…..Y se van con lo recogido y vuelven una y otra vez por más…y acumulan el agua en enormes estanques o piscinas que el sol evapora. Su vida es una constante preocupación e infelicidad. Paradoja. Sin embargo no todos llevan recipientes, hay quien llega a orillas del   mar y no toma nada, sino que se sumerge en el agua, chapotea, juega, se baña, disfruta y deviene uno con el océano.

Otro sabio dijo: Más vale una cucharadita de felicidad que un mar de sabiduría.

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Súplica a Neptuno

Acudo a ti Neptuno, señor de los mares y del reino sumergido, con una súplica:

Condúceme junto a ella, mi amada sirena, una vez más.

Nos encontramos una tarde soleada de verano,  en la playa del océano de la existencia. Anclamos el navío del destino en la orilla de tu mar en calma y caminamos por las arenas detenidas del tiempo, sintiendo las caricias de las suaves ondas de  cristal sobre los pies cansados del largo viaje.

Breves fueron los momentos junto a ella, los gránulos dorados de los minutos volvieron a caer sobre las huellas de nuestros pasos en la blanda arena de la memoria, hasta cubrirlos y hacerlos desaparecer en la playa desértica y árida del olvido. Cuando la mente sufre pérdidas quedan los recuerdos, eternos, esculpidos en el corazón.

Recuerdo y no olvido que nunca fuimos amantes, aunque nunca  dejamos de amarnos. Era una certeza y una paradoja.  Rememoro un pasado que no ha tenido presente. No habían tenido tiempo apenas de conocerse nuestros cuerpos sedientos, aunque los sentidos todo lo sabían para calmar la sed. Nuestras manos intuían y los dedos adivinaban secretos y caricias apasionadas que abrían puertas ocultas al amor. En nuestro pecho estaba el refugio, el fuego y la esperanza, la perla que se estaba formando en la ostra, el sol y el agua, tierra y semilla. Latía el corazón impulsando a las flores que esperaban para nacer bajo tierra y cuyo aroma ya impregnaba el aire, como una promesa de felicidad.

Mas el destino fue cruel, y fugaz e incomprensible. Se agitaron tempestuosas las aguas del mar de la vida dejándonos  la miel en los labios, sin  poder saborear el néctar del encuentro. No te culpo Neptuno, sé que tu ira no era hacia nosotros, simplemente te divertías, pero nos alcanzó la tormenta. Vi a los impetuosos caballos azules que arrastraban tu carroza, y la furia de su galope hacía rugir las olas y de sus ondulantes crines de espuma blanca saltaban burbujas de plata relucientes, las ruedas trazaban estelas que se elevaban convertidas en murallas de agua y sal. Tú reías a carcajadas, los truenos eran tu voz, con el  pelo empapado y tus barbas agitadas por el viento. Los rayos surgían de tu tridente con cada sacudida de tu brazo. La lluvia era una cortina de cristal impenetrable.

 Cuando todo hubo pasado y las aguas se calmaron, ella ya no estaba junto a mí. Y desde entonces la busco…y no la encuentro.

Mi navío es ahora un barco fantasma que navega sin detenerse nunca. No tiene puerto ni isla donde varar sino es en ella. Las velas están tejidas con los hilos del tiempo y los colores de la nostalgia. La proa se llama esperanza, la popa  desesperación, ambas aumentan con cada puesta de sol que se oculta bajo el horizonte.

Ayúdame a encontrarla de nuevo…

Ella es una hija de tu reino marino sumergido, de agua y sal son tus olas, igual que mi llanto. Lágrimas de nácar, corazón de coral, sangre en las venas, da igual, somos hijos de la misma tristeza.

Veo nuestros cuerpos separados, danzan tristes canciones en playas solitarias, y mi corazón emite su canto, un lamento de su ausencia, una llamada silenciosa a través de las edades de la vida y  los mares grises. Mi alma con las manos tendidas la busca navegando entre las brumas y claroscuros de tu reino acuático.

Ayúdame a encontrarla de nuevo…

Fragmento de: Súplica a Neptuno

Savia Roja, el libro

En el próximo libro, Savia Roja, la imagen de la portada y tapa posterior surgirá de esta foto de Anni Roenkae. En la contracubierta irá además un fragmento de alguno de los relatos incluídos, como pueden ser estos:

Cuando los crisantemos comenzaron a abrir sus capullos multicolores, anunciando el invierno, ambos sabían que ninguno de los dos vería una nueva primavera. Ya habían caído las primeras y abundantes nevadas, cuando un día Aiko, le dijo: ―Díme que me amas, una vez más, antes de irme. Él, la miró fijamente a los ojos húmedos. Ella no tuvo necesidad de palabras. ―He dibujado corazones en la nieve con tu nombre dentro, en el jardín y en todos los campos y caminos de Nagano  ―dijo el anciano. ―Yoshimo, mi amante poeta, ven y llévame al paraíso una vez más. Era la noche más larga y oscura del año, Okurakami, sobrevolaba el cielo nocturno, de su boca surgían truenos y rayos que desencadenaron la tormenta. La lluvia comenzó a caer con fuerza llevándose con ella el frío, la nieve se deshacía, los corazones que Yoshimo dibujó en ella se fundían liberando su mensaje, transformados en pequeños arroyos cantarines. Y cuando finalmente se detuvo la lluvia, en el silencio aterciopelado de la noche solo se escuchaba el rumor de los riachuelos susurrando: Aishiteru.  ―Aiko―

Los huesos nunca mueren, al igual que las estrellas, los minerales que los componen continúan actuando como mensajeros del espíritu que partió, en contacto con el clan. Pero, hay otro proceso, la parte orgánica del hueso se convierte en vegetal, nutrirá a los hombres después de haberlos amado a través de la fertilidad en las cosechas. Carne y hueso se convierten en madera al morir. Los troncos de los árboles traen las voces de los huesos que viven entre las rocas de la tierra, las ramas y las hojas transforman  las voces en flores y semillas que transporta el viento, las aves y los insectos. Cada vez que te detienes a contemplar la belleza de una flor, o disfrutas de la sutileza del perfume de sus pétalos,  alguien te está diciendo «te amo». ―Dandelion―

En el vórtice del bosque hay un claro inmenso como un océano, en el que por las noches brillan millones de estrellas verdes. La luna, penetra entre las ramas de los árboles y sus rayos dejan manchas de plata en el suelo. Los seres de la noche y árboles negros que habitaban allí después del ataque a Abisal decidieron quedarse a vivir en las ruinas.  Aunque monstruosos en apariencia, no lo son tanto como el corazón de algunos hombres. ―Dandelion―

La luz penetra a través de las rendijas de tus parpados cansados y soñolientos. Emerges de las profundas aguas donde se diluyen tus recuerdos, sin ella, tu chica anfibia. Y te sientes vacío y abandonado en las rocas de la escollera de tu mente atormentada, donde se estrellan las olas de su memoria, con la esperanza de verla aparecer entre la espuma, una vez más. ―Betty, la sirena coja―

Lucas examina el archivo grabado. El ordenador  le ha asignado una aplicación válida para poder acceder al contenido. La ejecuta. Se oye un ruido de nieve, espera unos instantes, y  surge del sonido blanco una voz que no está hecha de palabras, un fractal de una foto hecha no de imágenes sino de sensaciones, un collage de recortes emocionales, datos analizados convertidos en evocaciones de músicas que fusionadas han creado un momento temporal único. Lo que Lucas está escuchando es el tono inconfundible de una canción de cuna. La planta está de alguna manera cantando a Midori, para que se tranquilice y sosiegue al haber quedado atrapada su pata, como haría una madre con su hijo.      ―Hambre―

Misterios del Amor

Los viejos dioses de la mitología griega perviven y malviven en nuestros tiempos mezclados con las tecnologías modernas que han usurpado sus funciones, sumiéndolos en una apatía eterna. «Eterna» porque siendo seres divinos no pueden morir, pero si caer enfermos del hastío y la depresión…sucumbieron los templos, su morada, donde eran venerados con ofrendas y sacrificios, donde bellas sacerdotisas los atendían y mantenían encendido el fuego sagrado.  Ahora los santuarios son ruinas, bloques caídos de piedras reumáticas que exhalan humedad y  un olor rancio  a orín y  tiempo caducado.

Guasap, faisbouk, islagram, tiquitoc, amaton, yotuve…son los nuevos dioses, mensajeros complacientes y veloces cumplidores de los deseos de la humanidad. Emojis, caritas, pulgares, me gusta…todo se reduce a apretar un botón para expresar una emoción. Atrás quedaron la espera, los juegos preliminares y el ardor del fuego que cocina lentamente las pasiones.

Pero se avecina una revolución, un motín en un día señalado….ahora lo llaman San Valentín. Antes era el día de Cupido y sus arqueros… como llamaban los romanos a nuestro Eros.

Ha sido él, el paladín del amor, el que ha decidido volver a los métodos antiguos y recuperar la tradición y realizar un buen trabajo de artesanía, como los de antaño, con arco, flecha y mucha puntería. Pues aunque un rasguño es suficiente, una flecha de oro en el corazón enciende fuegos tan ardientes y llamas tan altas que al propio Vulcano espantan.

Y Eros ha buscado a sus antiguos servidores. Hermes el mensajero le dijo: «los encontrarás en los bares». Siguió el consejo y le costó reconocerlos pues eran niños y esbeltos jóvenes alados cuando él les indicaba la diana que las flechas debían atinar. Mas ahora las canas y  largas barbas ocultan su secreta identidad y lo peor, las prominentes barrigas le hacen dudar sobre si podrán cumplir con su labor. Los observa, mira en lo que se han convertido sus cuerpos  y mira dentro, sus espíritus no han envejecido, siguen siendo curanderos de amores en bares, consejeros de almas en penas y de corazones destrozados que buscan alivio en sus revelaciones. Y sus palabras de consuelo son flechas con la punta de plomo, aquellas que traen la paz del olvido y cierran las heridas del amor no siempre correspondido.

El amor es nuestro trabajo desde tiempos distantes, no es solo una palabra o un corazón rojo en una pantalla, es algo más importante, te toma de improviso y te convierte en amante. Amante no es un trabajo, ni una dedicación. Es una consumación, una sublimación de los granos de arena bajo las llamas convertidos en lava fundida que el artesano sopla y convierte en un corazón de cristal. Más no hay que confundirlo con un corazón hueco,  es el contrario, un corazón lleno de las llamas invisibles y ardientes de la pasión. Y como dijo el sabio: «Solo pueden ver la llama ardiente aquellos que ya la llevan encendida dentro».

Nihil sub sole novum, dijo el sabio Salomón. Nada nuevo bajo el sol.  Todo está aquí, desde siempre.

Existe una lengua, la finesa, que recoge y ha listado 40 palabras distintas para nombrar a la nieve en sus diversos estados. Lo cual habla de una sensibilidad y observación del entorno remarcable.y de una realidad que está ahí.

Eros, el Amor, en según que cultura y entorno son dos cosas distintas y en ocasiones opuestas. Todo se reduce a interpretaciones sin fundamento, dogmáticas y obviamente manipuladoras. No todo son ideas y pensamientos, hay además biología, sentimientos…y misterios, como dice la canción de Julee Cruise.

Diferentes aspectos de Eros, según la mitología griega-romana y Wikipedia. Ellos sí que sabían apreciar la riqueza del lenguaje y los matices de la existencia…entre el blanco y el negro hay un universo de grises.

Afrodita es en la mitología griega, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor. Su equivalente romano es Venus. Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor», es importante señalar que antiguamente no se refería al amor en el sentido romántico sino erótico.

Eros es el dios responsable de la atracción sexual, el amor. Cupido, es su equivalente romano. Cupidus:  Deseoso, ansioso, apasionado, el que ama y desea con pasión.

Anteros  era el dios del amor correspondido y vengador del amor no correspondido

Hímero «deseo incontrolable» era el dios del deseo sexual y del amor no correspondido.

Himeneo era el dios de las ceremonias del matrimonio.

Hermafrodito era el dios del matrimonio heterosexual, hijo de Hermes y Afrodita (de los cuales recibió su nombre). El mito representa la unión inseparable entre hombre y mujer

Peito diosa de la seducción y el cortejo.

Potos era el dios del deseo, el anhelo o la nostalgia amorosa.

Hedoné hija de Eros y Psique, cuyo nombre significa ‘placer’. En la mitología romana era conocida como Voluptas. La voluptuosidad es la incitación o satisfacción de los placeres de los sentidos -placer sensual-, especialmente el sexual.

Las Tres Gracias provienen de la antigüedad grecolatina: sus nombres en Grecia eran Aglaya (Belleza), Eufrósine (Júbilo) y Talia (Abundancia), identificadas como Cástitas (Castidad), Voluptas (Voluptuosidad) y Pulchritudo (Belleza) en la mitología romana. En su representación plástica se las identifica como acompañantes de Venus, y entonces, como cualidades del Amor. De esta forma, aparecen como tres desnudos femeninos, dado que Venus o Afrodita es la diosa del amor y del sexo, y uno de sus atributos para reconocerla es la desnudez.

Cupido y las Tres Gracias – Rafael

Canción para una sirena

De Roberto Hidalgo, músico, compositor, cantante de blues, y sobre todo buena persona y amigo generoso, os hablé no hace mucho. Le había comentado que me haría ilusión poner música al escrito: Betty, la sirena coja. Le gustó el poema y no tardó en ponerse manos a la obra y hacer unas pequeñas adaptaciones y arreglos en la letra dada la extensión. Y este es el resultado: un tema precioso, melódico y evocador que capta muy bien la esencia del escrito y lo magnifica. Estoy eternamente agradecido por esta creación, este regalo. Realmente conmueve y emociona.

Así que lo comparto con vosotros. La música, la poesía, las letras…nunca dejaran de ser el bálsamo del caminante y una caricia para los corazones. Feliz año 2023.

Sin corazón

Imagen de Bruno Cervera para Pexels.com

Les robaba sus sueños y  esperanzas de futuro, a cambio les ofrecía promesas que no pensaba cumplir. Les pedía grandes sumas de  dinero prestado para una emergencia, no podían negarse, era tan encantador y sincero. Cuando reclamaban el importe prestado «Mañana sin falta ¿Cómo has podido dudar de mí?»  les decía, con una expresión dolida en el rostro y de esta manera les rompía las piernas de la dignidad, dejándolas paralizadas y cargadas de remordimientos por haber dudado de él.

Pero no solo era un chulo mentiroso y lleno de ambición sino que también amaba causar daño de forma deliberada y disfrutaba con ello, era maligno: «Esto te va a doler. Has tenido mucha suerte conmigo, nadie  en su sano juicio se hubiese fijado en ti con tus tonterías, aunque si  al menos fueras buena en la cama podrías dedicarte al porno».

Destrozó muchas vidas que nunca se recuperaron de las heridas, envueltas en una mortaja antes de tiempo, deambulando por las grises nieblas de la tristeza o atrapadas en los gélidos abrazos de la depresión y el suicidio.

Y entonces llegó ella. Ocurrió lo que tenía que acontecer, había roto tantos corazones que finalmente le tocó una mujer que no tenía.

Percibía algo familiar en ella. Sí, era aquel aroma de Chanel nº 5 pero no podía recordar. Era su primera cita, «ya habrá tiempo» pensó,  y bebió del vaso que ella le ofrecía.

Despertó, hacía frío…la vio inclinada sobre su cuerpo con una bata blanca manchada de sangre y entonces recordó a la médico forense. Sintió un dolor atroz en el vientre, no podía gritar ni moverse. Ella se incorporó y dijo a los estudiantes que la rodeaban ―mientras mostraba un trozo de carne oscura en una mano y en la otra sostenía un bisturí―: «Esto es la vesícula biliar, luego proseguiremos con el hígado. Gracias a la donación de este cuerpo tendremos toda la semana para estudiarlo, y como dijo Jack el Destripador, iremos por partes. Posteriormente continuaremos con los órganos sexuales, aunque son diminutos y no podría haberse dedicado al porno (rieron todos) ¿alguna voluntaria?»

Y siguió explicando:

«Respecto a los ojos abiertos y esas lágrimas que dan la sensación de que están vivos, es un reflejo del sistema nervioso central, es algo habitual. Aunque si os da impresión verlos los taparemos».

Toma una toallita y se acerca a su rostro. Lo mira a los ojos y sonríe grotescamente. Sin compasión alguna le dice en voz baja: ”Esto te va a doler”.

La oleada de Chanel llega intensa, y él sabe que es el último olor que percibirá.

Ella le cubre la cara.

Aoi, la sirena japonesa

―La sirena la encontró un  navío holandés en el mar de Japón, durante el shogunato Tokugawa, estaba malherida, inconsciente sobre la arena de un islote desierto. Completamente desnuda. No tenía cola de pez, pero si unas finas membranas interdigitales en los pies, semejantes al tejido de las medias de  mujer.  Al parecer había sufrido el ataque de algún monstruo marino por la gran mordedura que tenía en la cintura. Fue curada por el medico a bordo y una vez repuesta se ofreció como regalo al shogun de Edo, la actual Tokio, como muestra de buena voluntad y con el afán de obtener beneficios con el comercio entre ambos países.

―¿Alguna vez habló de su procedencia, de dónde venía?

―Tardó dos años en aprender el  idioma de los hombres, Le pusieron de nombre Aoi, azul, por el color de sus ojos.  A menudo hablaba sola delante del mar, los guardias de palacio pensaban que estaba loca o poseída por un espíritu,  y la dejaban vagar libremente. No tenía intención de huir, cualquiera que fuera el lugar de su procedencia no quería regresar. Cuando pudo comunicarse supimos que no estaba loca cuando hablaba y cantaba al agua, sino que se estaba comunicando con otros habitantes de los abismos. Dejó entender que estaba desterrada de su mundo, pero su actitud melancólica y solitaria no gustaba en la esplendorosa residencia. Le ofrecieron una suma de dinero para que se  procurase un alojamiento y abandonase el palacio,  su estancia fue ocupada el mismo día de su partida por una exótica bailarina turca. Aoi vagó unos días sin rumbo, sin saber qué hacer con su vida, hasta que la acogieron unos monjes cristianos en un pequeño monasterio a cambio de ayudar en los trabajos en la huerta, pues era fuerte como dos hombres. 

―¿La veían como algo normal hablar con seres marinos. No despertaba curiosidad su aspecto, su extraño lenguaje?

―Hablamos de Japón donde hay miles de kamis y demonios de innumerables formas y aspectos mucho más inquietantes.  Aoi no era nada extraordinaria, solo un bicho raro sin interés para nadie. Hasta que ocurrió un hecho.

Los samuráis del shogun en aquella época tenían órdenes de Ieyasu Tokugawa  de erradicar doctrinas religiosas extranjeras, consideradas una amenaza, especialmente el catolicismo. Destruían  templos y santuarios, obligaban a apostatar a sus seguidores e incluso los torturaban y ejecutaban si no lo hacían. Un día llegaron al monasterio las tropas del shogun con intenciones belicosas, aunque los monjes no estaban dispuestos a permitir que destruyesen su hogar y se produjo una gran escaramuza. Los religiosos fueron cayendo por la acción de la espada, los soldados los triplicaban en número. Cuando solo quedaban tres supervivientes, de la docena que eran, llegó Aoi.

 Al ver lo ocurrido se enfureció. Gritó algo en su lenguaje marino y al instante se levantó un viento espantoso, los nubarrones que cubrían el cielo giraban en un torbellino oscuro ocultando todo rastro del sol y se detuvieron cuando el cielo se transformó en un mar gris de nebulosas olas que se agitaban y rugían. Era tener sobre la cabeza un océano embravecido y furioso. Y cantó una tonada en un idioma musical, sonaba dulce como una canción de cuna, sin embargo cada vez que pronunciaba  una extraña nota silbante un soldado caía muerto de manera inexplicable. Algunos se llevaban la mano al corazón antes de caer fulminados,  otros se tocaban la nariz y los oídos de donde surgía sangre y lo último que veían antes de morir eran sus manos manchadas de rojo. Murieron todos, treinta soldados.

Como consecuencia del acto debieron huir y se refugiaron en las profundidades  de las montañas. Los tres monjes se convirtieron en sus primeros discípulos, abandonaron su credo y Aoi fue su nueva religión. Con el tiempo engendró tres descendientes, un hijo con cada uno. Dos fueron varones que no heredaron sus características, pero la tercera en llegar, la más pequeña era una sirena: La madre de María.

―Pero eso no puede ser cronológicamente. Han pasado varias generaciones, sin embargo María es muy joven. No cuadran las edades.

―Te diré algo más sorprendente,  la madre de María aún vive, se llama también Aoi. Son seres muy longevos, el cómputo del tiempo humano no se les puede aplicar. Nadie sabe cuál es la duración de la vida de una sirena.

―Y tú, ¿cómo sabes todo esto? ¿Quién te ha dado esta información tan valiosa?

―Ni más ni menos que Aoi. Esta primavera estuve con ella y hablamos. Le preocupa la actitud de María y sus ideas.

―¿Qué ideas?

―Se hace tarde para mí, debo consultar y decidir qué hacer. Mañana sabrás más, tú debes conocer la historia completa ―Se levanta, se cuelga un macuto que tenía colgado en la silla, y apura el resto del gin-tonic de un trago, mientras añade―:  Si ocurriese algo siempre es bueno que haya otro conocedor de lo sucedido.

El joven se levanta también, mira hacia la orquesta, acaban de dar por finalizada la actuación, dos parejas son los únicos que permanecen en pie y aplauden, los camareros recogen y limpian las mesas. No hay rastro de ella, se le encoge el corazón, está tan cerca y a la vez tan lejana como una estrella.

La noche transcurre sobresaltada, después de quince años han vuelto las pesadillas en el océano. Mares tempestuosos de aguas negras donde nadan seres que no puede ver, aunque sabe que es mejor así, no obstante siente el roce de cuerpos fríos contra sus piernas, pecho y espalda…y manos con garras que tiran de sus pies hacia abajo, hacia el fondo. Agita los brazos con furia tratando de flotar, pero el agua le llega al cuello, la boca, y contiene la respiración mientras el mar le cubre la cabeza. Unos ojos ambarinos que reconoce lo están observando desde muy cerca. Él implora auxilio con la mirada, unas burbujas de aire escapan de su boca ascendiendo hacia la superficie y tiene la sensación de que las está acompañando en su ascenso. Una mano lo ha cogido por el cuello de la camisa y lo saca del agua.

Aunque ya es demasiado tarde, se ha ahogado,  y se ve tendido en el suelo. A su lado una mujer a la que no ve el rostro llora, lleva un hibisco rojo en el cabello.

P I AN O by Brian Martin-Onraët

Un relato magnífico, me ha encantado y creo que merece la pena conocer.

MasticadoresMéxico // Editora: Scarlet Cabrera

Color is the keyboard,

The eyes are the harmonies,

The soul is the piano with many strings.

Vassily Kandinsky 1866-1944

1

La campanita de la puerta sonó cuando entró en la tienda. Sintió inmediatamente la diferencia de temperatura. El frío y las lluvias de Marzo quedaban afuera: los instrumentos necesitaban un ambiente controlado, una temperatura constante para proteger sus cuerpos de madera, sus cuerdas, su voz.

Cerró la puerta y entró. Se quitó los guantes, la bufanda, desabotonó su abrigo, y empezó a mirar a su alrededor: pianos, órganos, cellos, violines, hobos, guitarras, altos, clarinetes… Parecía el legendario cementerio de los elefantes: el lugar donde venían a morir los instrumentos de música después de su último concierto.

En el fondo de la tienda, se paró una sombra. ¿El dueño de la tienda, o el empleado? Se parecía a sus instrumentos: cansado, gris, como cubierto de polvo. Sus huesos parecían…

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SIMONETTA by Quirico Molina

Un placer colaborar con Masticadores. Saludos.

Masticadores

Simonetta pintaba en las rayas que dibujan las espirales del tiempo, estelas transparentes de la eternidad, con la paleta cromática del arcoíris, un solo rayo de luz transparente abierto a infinitas posibilidades ―la magia existe si previamente está quien la hace posible― Impregnaba el pincel en los colores de las llamas, bien empapado, y con el gesto seco y preciso de una diosa salpicaba el lienzo, cientos de gotas en caótico desorden se estrellaban contra la blanca tela ―¿la nada?― y se escurrían como lágrimas sin dejar rastro de color hasta el precipicio del marco, y cuando el mundo callaba expectante e indignado ante el deprimente arte, allí estaba la magia. Movía el pincel/batuta hacia arriba, un solo gesto, y las gotas multicolores se agitaban como larvas de algún insecto, y de las gotas aplastadas salían ápices que se transformaban en vértices, como aparecen los dedos al abrir el puño…

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Becaria en llamas en clave de rapsodia bohemia

Bruxismo nocturno

«Por lo visto, todos los animales heridos se reconocen, de cualquier especie»

Auri Lizundia, Capitulo III. Becaria en llamas

«Qué extraordinaria es, qué inaccesible. Hiere como hieren las rosas, aunque no con la espina como han dicho tantos. La rosa hiere siempre con su rosa y el desgarro es el de la espina, pero a menudo es una herida de mera belleza, sólo fuego de belleza»

Aniara, 19. Harry Marteson

I.

Marchemos hacia ese mar de fuego

no estás sola bajo la lluvia fría

Si buscas la chispa que prenda las llamas

Aquí tienes tu primera cerilla

II.

No te rindas en desiertos interiores

Ni permitas que la llama se consuma

Aunque el tiempo reabra tus heridas

No estás sola bajo la lluvia fría

III.

Hiere como hieren las rosas

Que no sólo hieren con sus espinas

Hiere con su belleza que es fuego de belleza

Hiere con su mirada…

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