Reflexiones sin pies ni cabeza sobre la vida

A Eusebio Simplón, «respirar» no era exactamente lo que le disgustaba.

 A Eusebio, lo que le molestaba sobremanera, incluso llegaba a odiar, era expulsar el aire, la espiración. Se negaba con vehemencia, no quería,  aunque se le inflasen los mofletes con riesgo  de estallar, se le enrojeciera la cara hasta parecer un tomate y los ojos amenazaran con salirse de las órbitas.  En cambio, tomar aire, la inspiración le encantaba, le hacía sentirse feliz.

Inevitable elección que la mente no determina y el cuerpo decide, vivir es la opción. Para saber lo que es peor o mejor, para conocer lo que nos conviene no tenemos tino, afortunadamente el devenir ya está escrito y enrollado en un pergamino.

 «¡Qué mala suerte! ¿Por qué tenía que pasarme esto? No me lo merezco. La vida me trata injustamente. Tengo la esperanza de que las cosas cambien  —y supuestamente vayan a mejor—…».

La esperanza son fuegos de artificio en una noche sin luna. Las heridas y  las satisfacciones que nos ha dejado la vida son justamente las que hemos necesitado para vivir y llegar a ser lo que somos.  Solo podemos ser la manifestación de nosotros mismos, hablar desde nuestra propia experiencia y cicatrices. No nos sirve copiar o repetir lo que dijeron otros,  no nos alimenta lo que digieren  estómagos de otras gentes sino lo que mastican nuestras bocas. Somos inimitables  e insustituibles, una expresión única, seamos un árbol en la cima de un monte o una flor de un cactus solitario en un desierto.  Nuestra vida es nuestro destino, es una misma cosa, las páginas escritas de un libro cerrado que cada uno lee a su ritmo.

Aparentemente todos los días son iguales, en realidad cada día es único,  un pequeño prodigio de la vida, una grandiosa creación. La mayoría de la gente asocia lo que llaman el Big Bang, con un acontecimiento espectacular, ocurrido hace millones de años, en el que intervinieron los grandes protagonistas del cosmos: galaxias, nebulosas, planetas, estrellas, gases, espacio…y sin embargo ¿quién puede negar que el Big Bang no es un acontecimiento que ocurrió una sola vez? sino que es un proceso continuo, nunca interrumpido, creación y destrucción, el día y la  noche, la vigilia y  el sueño, inspiro, espiro…el latido del mundo es  Big Bang y resuena en todo lo que experimentamos a todos los niveles, ya que somos el contenedor  y el contenido, el corazón y el palpitar, el espacio donde todo tiene lugar.

 El mosquito que vive dos días también experimenta el Big Bang. De igual manera, cada una de nuestras células se manifiesta, expande, crece, se contrae y desaparece. La manzana ya está en el manzano aún antes de que salga la flor, esta sea polinizada y aparezca el fruto. En la semilla del interior de la manzana, millones de células y procesos están dando forma a nuevos universos, a nuevos árboles que al igual que un fractal generaran nuevas cosechas de manzanas, y estas de semillas, y así infinitamente. Esperan para nacer, manifestarse y ser, pero de alguna manera ya están ahí, desde hace muchísimo tiempo, nunca han dejado de estar. Algunos lo llaman Eternidad.

Nuestra existencia es conciencia de cada instante, de lo que este nos trae. No hay más que este momento,, y no hay necesidad de elegir una parte. Todo cuanto acontece, sentimos y pensamos, todo está siendo sin nuestra intervención. Los objetos, todas las personas, todo,  absolutamente todo, ten la certeza, es el   regalo que hemos recibido: aquello que somos.

Algunos comparan el conocimiento, la mente humana, con el océano, por su ilimitada inmensidad y por sus profundidades desconocidas…paradójicamente, se llega a la conclusión de que «cuanto más sabemos  más nos falta por saber»  o como dijo aquel otro sabio: «Solo sé que no sé nada».

Aquello que más anhela la humanidad es ser felices. Cada uno tiene su propio concepto de felicidad condicionado la mayoría de las veces a la obtención de algo, un objeto que percibimos como exterior a nosotros, ya sea material, mental o emocional.

Y vamos al océano a coger el agua que nos dará la felicidad, cada uno lleva su recipiente, unos más grandes, otros más pequeños…Al mar no le podemos decir que es tacaño si no podemos tomar más agua, él está enteramente disponible y nos da todo lo que podamos llevarnos.  Depende únicamente de nosotros y de nuestro contenedor la cantidad de mar que podamos recoger. Algunos acuden con camiones cisternas, otros con vasos, cubos, y todo tipo de utensilios…..Y se van con lo recogido y vuelven una y otra vez por más…y acumulan el agua en enormes estanques o piscinas que el sol evapora. Su vida es una constante preocupación e infelicidad. Paradoja. Sin embargo no todos llevan recipientes, hay quien llega a orillas del   mar y no toma nada, sino que se sumerge en el agua, chapotea, juega, se baña, disfruta y deviene uno con el océano.

Otro sabio dijo: Más vale una cucharadita de felicidad que un mar de sabiduría.

Image by Kira Schwarz from Pexels

Misterios del Amor

Los viejos dioses de la mitología griega perviven y malviven en nuestros tiempos mezclados con las tecnologías modernas que han usurpado sus funciones, sumiéndolos en una apatía eterna. «Eterna» porque siendo seres divinos no pueden morir, pero si caer enfermos del hastío y la depresión…sucumbieron los templos, su morada, donde eran venerados con ofrendas y sacrificios, donde bellas sacerdotisas los atendían y mantenían encendido el fuego sagrado.  Ahora los santuarios son ruinas, bloques caídos de piedras reumáticas que exhalan humedad y  un olor rancio  a orín y  tiempo caducado.

Guasap, faisbouk, islagram, tiquitoc, amaton, yotuve…son los nuevos dioses, mensajeros complacientes y veloces cumplidores de los deseos de la humanidad. Emojis, caritas, pulgares, me gusta…todo se reduce a apretar un botón para expresar una emoción. Atrás quedaron la espera, los juegos preliminares y el ardor del fuego que cocina lentamente las pasiones.

Pero se avecina una revolución, un motín en un día señalado….ahora lo llaman San Valentín. Antes era el día de Cupido y sus arqueros… como llamaban los romanos a nuestro Eros.

Ha sido él, el paladín del amor, el que ha decidido volver a los métodos antiguos y recuperar la tradición y realizar un buen trabajo de artesanía, como los de antaño, con arco, flecha y mucha puntería. Pues aunque un rasguño es suficiente, una flecha de oro en el corazón enciende fuegos tan ardientes y llamas tan altas que al propio Vulcano espantan.

Y Eros ha buscado a sus antiguos servidores. Hermes el mensajero le dijo: «los encontrarás en los bares». Siguió el consejo y le costó reconocerlos pues eran niños y esbeltos jóvenes alados cuando él les indicaba la diana que las flechas debían atinar. Mas ahora las canas y  largas barbas ocultan su secreta identidad y lo peor, las prominentes barrigas le hacen dudar sobre si podrán cumplir con su labor. Los observa, mira en lo que se han convertido sus cuerpos  y mira dentro, sus espíritus no han envejecido, siguen siendo curanderos de amores en bares, consejeros de almas en penas y de corazones destrozados que buscan alivio en sus revelaciones. Y sus palabras de consuelo son flechas con la punta de plomo, aquellas que traen la paz del olvido y cierran las heridas del amor no siempre correspondido.

El amor es nuestro trabajo desde tiempos distantes, no es solo una palabra o un corazón rojo en una pantalla, es algo más importante, te toma de improviso y te convierte en amante. Amante no es un trabajo, ni una dedicación. Es una consumación, una sublimación de los granos de arena bajo las llamas convertidos en lava fundida que el artesano sopla y convierte en un corazón de cristal. Más no hay que confundirlo con un corazón hueco,  es el contrario, un corazón lleno de las llamas invisibles y ardientes de la pasión. Y como dijo el sabio: «Solo pueden ver la llama ardiente aquellos que ya la llevan encendida dentro».

Nihil sub sole novum, dijo el sabio Salomón. Nada nuevo bajo el sol.  Todo está aquí, desde siempre.

Existe una lengua, la finesa, que recoge y ha listado 40 palabras distintas para nombrar a la nieve en sus diversos estados. Lo cual habla de una sensibilidad y observación del entorno remarcable.y de una realidad que está ahí.

Eros, el Amor, en según que cultura y entorno son dos cosas distintas y en ocasiones opuestas. Todo se reduce a interpretaciones sin fundamento, dogmáticas y obviamente manipuladoras. No todo son ideas y pensamientos, hay además biología, sentimientos…y misterios, como dice la canción de Julee Cruise.

Diferentes aspectos de Eros, según la mitología griega-romana y Wikipedia. Ellos sí que sabían apreciar la riqueza del lenguaje y los matices de la existencia…entre el blanco y el negro hay un universo de grises.

Afrodita es en la mitología griega, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor. Su equivalente romano es Venus. Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor», es importante señalar que antiguamente no se refería al amor en el sentido romántico sino erótico.

Eros es el dios responsable de la atracción sexual, el amor. Cupido, es su equivalente romano. Cupidus:  Deseoso, ansioso, apasionado, el que ama y desea con pasión.

Anteros  era el dios del amor correspondido y vengador del amor no correspondido

Hímero «deseo incontrolable» era el dios del deseo sexual y del amor no correspondido.

Himeneo era el dios de las ceremonias del matrimonio.

Hermafrodito era el dios del matrimonio heterosexual, hijo de Hermes y Afrodita (de los cuales recibió su nombre). El mito representa la unión inseparable entre hombre y mujer

Peito diosa de la seducción y el cortejo.

Potos era el dios del deseo, el anhelo o la nostalgia amorosa.

Hedoné hija de Eros y Psique, cuyo nombre significa ‘placer’. En la mitología romana era conocida como Voluptas. La voluptuosidad es la incitación o satisfacción de los placeres de los sentidos -placer sensual-, especialmente el sexual.

Las Tres Gracias provienen de la antigüedad grecolatina: sus nombres en Grecia eran Aglaya (Belleza), Eufrósine (Júbilo) y Talia (Abundancia), identificadas como Cástitas (Castidad), Voluptas (Voluptuosidad) y Pulchritudo (Belleza) en la mitología romana. En su representación plástica se las identifica como acompañantes de Venus, y entonces, como cualidades del Amor. De esta forma, aparecen como tres desnudos femeninos, dado que Venus o Afrodita es la diosa del amor y del sexo, y uno de sus atributos para reconocerla es la desnudez.

Cupido y las Tres Gracias – Rafael

Cine

Foto de Pavel Danilyuk-Pexels.com

―¡Qué buena la película! Hay que ver lo que me ha hecho reír.

―¡Qué dices! La película no ha tenido ninguna gracia. Más bien ha sido un drama.

―Pues yo he disfrutado con los diálogos, eran muy ingeniosos.

―A mí me han parecido soporíferos.

―¡Un peliculón! Lo que he disfrutado no tiene precio.

―Pues yo la encontrado aburridísima, ha sido dinero tirado.

―¿De qué película habláis?

―De la última de Clint Sudwood.

―Es raro que tengáis opiniones tan dispares viendo lo mismo.

―No tiene nada de raro. Las películas tienen imagen y pista de sonido, pero no tienen banda emocional, sino que cada uno pone la suya. Vemos nuestras propias emociones porque siempre las llevamos puestas, no son transferibles, ni cambiables, surgen de nuestra intimidad, están hechas de nosotros,  y en nosotros desaparecen nuevamente cuando acaba la función. Nadie nos las puede dar, ni prestar, ni acceder a ellas. Incluso así, siendo nuestra «posesión» son un completo misterio para nosotros mismos, nadie sabe el final de la película. Eso sí, siempre son de riguroso estreno…la vida es una función privada, íntima, de un solo autor para un espectador solo.

Renacimiento

El nacimiento de Venus – Sandro Botticelli

Simonetta pintaba en las rayas que dibujan las espirales del tiempo, estelas transparentes de la eternidad, con la paleta cromática del arcoíris, un solo rayo de luz transparente  abierto a infinitas posibilidades ―la magia existe si previamente está quien la hace posible― Impregnaba el pincel en los colores de las llamas, bien empapado,  y con el gesto seco y preciso de una diosa salpicaba el lienzo, cientos de gotas en caótico desorden se estrellaban contra la blanca tela ―¿la nada?― y se escurrían como lágrimas sin dejar rastro de color hasta el precipicio del marco, y cuando el mundo callaba expectante e indignado ante el deprimente arte, allí estaba la magia. Movía el pincel/batuta hacia arriba, un solo gesto, y las gotas multicolores se agitaban como larvas de algún insecto, y de las gotas aplastadas salían ápices que se transformaban en vértices, como aparecen los dedos al abrir el puño, y se convertían en hojas de arce con los colores del fuego, los tonos del otoño, y aleteaban tímidamente convertidas en mariposas para emprender el vuelo hacia lo alto, abandonando el cuadro, llenando el cielo de parpadeos, para después regresar al lienzo y allí permanecer quietas en una nube globosa, palpitante, transformándose de nuevo  en hojas, con las tonalidades  que robaron al sol y que ahora lo recuerdan y convocan,  como niños huérfanos llamando a su padre…y el padre, durmiente, dentro del dorado lecho foliar se despereza y abre los ojos en cada hoja simultáneamente, convirtiéndolas en luz, y el árbol ―sin tronco, ni raíces―se estira alargándose y curvándose sobre el ojo de la eternidad, convertido en la espiral del tiempo, una galaxia cuajada de estrellas, miles, que palpitan en las pupilas de Simonetta.

Y siente la necesidad de no estar sola, la sed de buscar un compañero para atravesar la eternidad y alcanzar ese lugar prohibido del que hablan y que en ocasiones aparece en su visión. Traza una silueta con su dedo índice, un fino hilo de luz recorta el satinado y  estrellado cielo nocturno y se desprende una figura plana,  no mucho más que un trozo de papel pintado recortado de una pared tapizada con sueños y esperanza ,  aunque este no es un estampado sin vida, son diminutas flores, miles de estrellas diminutas  que respiran luz blanca, pulsante, rítmica. El latido de un corazón aparece en la ecografía de las estrellas, y con cada respiración se  añade tridimensionalidad a la forma pensada, lentamente se expanden los volúmenes, redondean y emerge un rostro, sus facciones revelan a alguien cuyo perfil ha dibujado tantas veces con el lápiz que ha dejado un molde en los circuitos de su memoria, es David, el que la gente llama de Miguel Ángel en el lugar prohibido, el arquetipo de la perfección. Finalmente completo y desnudo ante ella, como tallado en un bloque de diamante, cada arista refulge y multiplica la luz blanca en abanicos de colores que se expanden hacia la eternidad, es el nacimiento de una estrella, de un dios, del propósito de encarnarse en un cuerpo vivo y experimentar la vida. El anhelo de mortalidad que enfrentó a legiones aladas hace eones sigue siendo inmortal, la sed de existir no se extingue nunca.

Me veo reflejada en tus ojos de cristal, David, en el paraíso me dibujaron como Venus en la obra de Botticelli, desnuda como tú, arquetipo  femenino de un ideal. Fue efímera mi vida, era legendaria mi belleza, una flor en una frágil copa de cristal. Cruel fue mi destino, apenas mojarme los labios con el sabor de la ambrosía y tuve que renunciar a todo cuando me llevó la  Parca. Ya entonces te dibujaba una y otra vez, recorría tu rostro en el papel y sentía tu piel cálida y tus relieves bajo la yema de mis dedos. No pude concluirte, no pude sentirte y amarte, solo tú conoces mi nombre, Simonetta, porque eres parte de mí, nacido de mi propósito y de mis deseos no satisfechos que conmueven al universo.
Por ello has venido, para volver a nacer, para poderte besar una vez más, porque aunque te he amado en sueños, nunca he notado la calidez de tus labios, y el sabor que destilan, sé que saben a miel…y volvería a morir y volvería a nacer una y otra vez, por besarte una vez más.

Me desprendo de la capa que cubre mi desnudez, mi cuerpo es un prisma luminoso como el tuyo, refulgen en todas direcciones rayos de colores que se convierten en hilos flexibles de cristal, me abrazo a ti fuertemente, tu no deseas perderme de nuevo, los hilos nos rodean y forman un capullo de luz a nuestro alrededor. Fuera o dentro, depende de la visión, en el espacio acogedor, de terciopelo negro, la eterna matriz de la creación se dilata.

En otro lugar:

Noticias: En Florencia han desaparecido dos de las obras más significativas del Arte del Renacimiento. El robo fue simultáneo en las dos galerías de arte. Las cámaras de seguridad, en ambos casos, únicamente han captado un resplandor que se reduce a un foco de linterna que se dirige hacia las puertas y las atraviesa. Se sospecha que los ladrones han utilizado tecnología avanzada de camuflaje lo que hace imposible su identificación.

En otro lugar:

―Dos ristretto  y dos raciones de tarta de manzana, por favor ―pide David.

―Me moría de ganas de probar esto que llaman café ―dice Simonetta.

―Tenemos toda la eternidad, para probar esto y muchas otras cosas, y le guiña un ojo.

Se acercan el uno al otro. Se besan.

David – Miguel Ángel Buonarroti

Sin forma

Aún no teniendo forma me reconozco como mí mismo, no necesito mirarme en el espejo, me devolvería la ausencia de lo invisible pero no la evidencia de mi presencia. Con los ojos cerrados es como no tener sentido de la vista, el mundo desaparece, se apagan las imágenes pero yo sigo aquí, simplemente soy, existo en este instante, es la única realidad auto-evidente y experimentable por sí misma. No necesito de nadie que lo confirme, así como nadie puede sustituirme, soy mi propia certeza.

Cuando entras en una estancia vacía, habitualmente se suele pensar “no hay nadie”, pero para poder afirmar eso, para tener esa certeza yo debo estar presente en el lugar para constatarlo. Cuando yo digo “no hay nadie”, quizá pase por alto un hecho importantísimo, el olvido de mí mismo,  soy existencia y conciencia de manera simultánea, indivisible, previa a la aparición de la forma.

Si la estancia no está, no se puede hablar de vacía o llena.

Si el veedor no está, no se puede verificar vacía o llena.

Si el acto de ver no está. No hay veedor, ni estancia, ni vacía, ni llena.

Es lo mismo que ocurre cuando un transportista trae un paquete, el receptor del envío debe estar previamente allí para recogerlo. Mientras no llega,  la forma está ausente, no manifestada, no hay objeto,  al no haber objeto eso implica que el receptor también es no-real. La realidad se manifiesta de manera simultánea, deviene una, cuando paquete y destinatario se juntan,  y confiere vida a todo.

Nos entregan nuestro nacimiento, un paquete que contiene una forma, un cuerpo con unas características…para poderlo recibir, ya estábamos antes, “esperando”,  aunque no éramos conscientes de ello. Es  la  aparición del cuerpo lo que permite la manifestación de la conciencia y de la existencia, y por consiguiente del mundo, el lugar donde lo inmanifestado toma forma. Le damos al interruptor de la luz, la bombilla (el cuerpo) se enciende, e ilumina la estancia(el mundo), al ser atravesada por la corriente(conciencia-existencia). Todo surge de forma simultánea. Cuando la bombilla se consume vuelve la oscuridad, no hay nadie, pero ello no afecta a la corriente, sigue estando, ahora no manifestada.

No necesitamos tener ojos para tener conciencia de nosotros mismos, si los cerramos unos instantes aparece una negritud vibrante, una especie de atmósfera acogedora. Si buscamos  el camino por donde yo salgo de mí y penetro en esa oscuridad no lo encontramos por mucho que busquemos. Es una imposibilidad,  porque no hemos salido en ningún momento de nosotros  mismos. Estamos aquí, quietos, inmóviles, el eje del mundo, somos menos que un punto y al mismo tiempo la infinitud ilimitada. Si tratamos de sentir donde empezamos como individuos separados, un lugar de partida, un punto de apoyo….no encontramos nada, no nos podemos definir ni localizar, somos presencia, el espacio infinito interior, flexible, extensible, sin horizontes, sin salida, sin meta, sin centro, sin extremos ¿Dónde empieza nuestro ser? ¿Desde qué punto o lugar nos sentimos ser? ¿Cuántos somos en ese lugar? ¿Muchos o pocos? Dime. Solo tú eres, no hay nadie más.

 Ocurre igual  en el sueño onírico, mientras el cuerpo reposa, con los ojos cerrados, vemos lugares, paisajes, personas conocidas, personas que nos dejaron, seres irreales, animales exóticos, volamos, nadamos en océanos tumultuosos…Se realizan muchas acciones con los sentidos desconectados, pero no hay quien las realice, no hay un hacedor, solo un acontecer. ¿Para quién esa función de cine sueño?  Para ti, sesión privada, película de estreno, emana de ti, se abre el mundo ante tus ojos y te ves allí realizando acciones y proezas increíbles. Luego la sesión acaba, se cierra el telón…y aparentemente despiertas en lo que llamas el mundo real, la vigilia….queda una reminiscencia del sueño, recuerdos deshilachándose como humo, hechos de finas telarañas…

«…qué sueño tan bonito, cómo me gustaría continuarlo cuando llegue la noche, era muy  rico, tenía una mujer preciosa, unos hijos adorables, no los que tengo en la realidad, y hacíamos un crucero por el Nilo, contemplando el atardecer sobre las aguas con una bebida fresca en la mano….esta noche trataré de continuar el mismo sueño».

Llega la noche esperada, después de una jornada agotadora y llena de conflictos, se abandona el cuerpo en el lecho y sí…Te regocijas, porque curiosamente el sueño prosigue en un barco…

pero no en el mismo, está en algún lugar del norte, el mar agitado transporta grandes moles de hielo que rozan el casco…no te gusta el lugar, abandonas la cubierta y buscas a los demás pasajeros, pero duermen. Una vía de agua se ha abierto en algún lugar y pronto el líquido te llega hasta las rodillas y sigue subiendo, gritas llamando a los viajeros, a la tripulación, para que despierten y se pongan a salvo, pero no obtienes respuesta. Sientes elevarse el suelo, el barco cabalga una ola gigante, tu cuerpo va de un lado para otro sin control, notas un  golpe en un hombro, gritas de dolor y de miedo…

estás sudando y despierto…te has caído de la cama, estabas soñando. Respiras aliviado, no te preocupan los pasajeros en el barco a la deriva, su supervivencia, sabes que ha sido un sueño, no era real…lo sabes justo ahora que estás despierto. No lo planificaste, ni decidiste que las cosas fueran como sucedieron, acontecieron simplemente, para ti, en ti, nadie en el sueño era real ¿y tú, lo eras? ¿ lo eres más, ahora?

 Me contemplo y sin embargo no tengo ojos, ni nombre, ni dimensiones, ni limites, ni lugar donde ir, ni de donde venir…siempre estoy aquí, soy el aliento,  más sutil que el aire que atraviesa los pulmones de lo que se llama “mi cuerpo”, y los cuerpos de cientos, de miles, en todos penetro con un breve suspiro y me voy con un susurro, soy infinitesimal, más pequeño que un átomo, también me llaman big bang, o eternidad o infinito…todas ellas palabras grandilocuentes para nombrar un espejismo. 

El calvero de los últimos antiguos

Un gran calvero esférico, con el suelo oscuro como la sangre seca, señala el emplazamiento donde una vez hubo un poblado, algunos líquenes amarillentos son la única forma de vida que intenta medrar en aquella tierra. El círculo yermo lo cruza un pequeño sendero polvoriento utilizado como ruta de paso por los animales salvajes, distingue las huellas de jabalíes, conejos y zorros, le llama la atención la ausencia de pisadas fuera del sendero, la tierra granate no la pisa ningún ser vivo. Dandelion sigue la misma ruta y camina siguiendo las huellas que desembocan al pie del bosque. Dos troncos verticales, semiocultos por las enredaderas, del grosor de un  cuerpo adulto señalan la entrada, la madera es oscura y rezuma agua continuamente formando charcos en la base. Unos filamentos oscuros, asemejan a un tipo de musgo, pueblan la corteza mojada, tira de un hilo y se desprende, lo ha visto otras veces, es un pelo con su raíz. Descubre horrorizado que la corteza del árbol es  piel muerta.

Se oyen gruñidos provenientes de la profundidad del bosque, rumor de crujidos de ramas doblándose. Hojas sacudiéndose con furia.

—¡Quéreis callaros! —grita una voz infantil.

De la espesura salen dos brazos que apartan la densa vegetación, como si nadasen a través de ella. Le sigue una cara pecosa y pelirroja con ojos verdes como la hoja del abedul. Lleva el pelo recogido en una cola y atado atrás con una fina tira de cuero.

—¿Qué miras? ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres? —le pregunta, mirándolo con desconfianza y curiosidad.

—¿Eres una niña o un demonio? Así con la cara sucia y negra no te distingo bien. Es la primera vez que me encuentro a  una sola por el bosque. Es peligroso.

—¡Qué voy a ser! Y con un gesto espontáneo y rápido se sube y baja el borde de la faldita de cuero y le muestra lo que hay debajo— ¿Lo has visto bien?….porque no te lo voy a volver a enseñar. Contesta mis preguntas, ahora ¿Quién eres?

—Me llamo Dandelion…—comienza su explicación, ruborizado.

—Más bien deberías llamarte Pissenlit * —le contesta y se ríe a carcajadas.

El joven baja la cabeza, serio, ignora las risas y continúa su historia. Le cuenta lo ocurrido a su madre, lo que pasa en Abisal y la cercanía de los leñadores.

La niña escucha con el semblante serio y le responde:

—Siento lo de tu madre. No debería haberme reído de ti. Yo soy Menta, por el color de mis ojos. Sí, teníamos noticias de que se acercaban los leñadores y vendrán muchos más. Ha comenzado una gran guerra y se necesita madera para alimentar las forjas, y los ejércitos, construir máquinas de asedio y  embarcaciones. La Santapía se ha comprometido en suministrar toda la necesaria a los ejércitos del  Rey y no pararán hasta haber talado y  devastado toda la región. Deberemos actuar.

—¿Quién? No veo a nadie más. ¿Están dentro del bosque los demás?

—¿Quién va a ser? Nosotros dos y el bosque. No hay nadie más. Enséñame los huesos que recogiste de tu madre.

Menta los examina, huele y finalmente chupa el extremo de uno.

—Sí, era una de los nuestros, la he reconocido, no sabía que hubiese tenido un hijo. Ven, buscaremos un lugar donde sembrarlos.

—¿Sembrarlos? querrás decir enterrarlos.

—No, no, sembrarlos, has oído bien. Sígueme.

Menta se acerca a los pilares, pasa por una apertura en el muro vegetal entre ramas resecas y puntiagudas como lanzas y arbustos espinosos con espinas semejantes a garras. Penetran en un túnel arbóreo que la luz nunca ha visitado. El suelo está lleno de hojas muertas, mojadas, pútridas, entre las cuales pululan insectos de pesadilla y arañas monstruosas, restos de caparazones, crisálidas vacías, tierra negra, resbaladiza y maloliente. Cientos de telarañas penden de los árboles como nubes caídas, cortinajes rotos y pegajosos con restos de mariposas, pájaros y murciélagos convertidos en siniestros trofeos. Se oye un riachuelo correr, se desvían e introducen en el agua limpia y fresca, siguen su curso chapoteando aliviados,  y un punto de luz se percibe entre las altas copas, y luego  otro y otro, y los claros son cada vez más amplios y dejan pasar más luminosidad, los rayos oblicuos del sol convertidos en lanzas candentes, ígneas, atraviesan las copas y se posan en ellas creando la sensación de una cobertura de polvo de oro. El cielo se deja ver y bajo el mismo aparece un claro verde, inmenso, cubierto de diminutos nomeolvides con sus pequeños pétalos azules y el ojo amarillo en el centro, creando un tapiz, una galaxia de estrellas azules y soles  amarillos, que se extiende hasta donde alcanza la vista.

Pequeños círculos de piedra sin apenas altura y de una zancada de diámetro,  y menhires de no  más de un metro de alto parecen crecer entre las florecillas, como extrañas plantas petrificadas. Hay centenares, miles. Avanzando entre las piedras Menta se detiene en un lugar que le parece adecuado y con una azadilla comienza a cavar sin profundizar mucho.

—Aquí, Dandelion, trae los huesos.

El joven le acerca los dos huesecillos. Menta los coloca con delicadeza en el suelo y los cubre con tierra, al lado coloca la piedra que faltaba para completar aquel círculo. Y le explica:

—Los huesos nunca mueren, al igual que las estrellas, los minerales que los componen continúan actuando como mensajeros del espíritu que partió, en contacto con el clan. Pero, hay otro proceso, la parte orgánica del hueso se convierte en vegetal, nutrirá a los hombres después de haberlos amado a través de la fertilidad en las cosechas. Carne y hueso se convierten en madera al morir. Los troncos de los árboles traen las voces de los huesos que viven entre las rocas de la tierra, las ramas y las hojas transforman  las voces en flores y semillas que transporta el viento, las aves y los insectos. Cada vez que te detienes a contemplar la belleza de una flor, o disfrutas de la sutileza del perfume de sus pétalos,  alguien te está diciendo «te quiero».

—Entonces, Menta ¿Cada piedra señala el lugar donde hay enterrados huesos? ¿Cómo sabes esas cosas? Eres más pequeña que yo.

—Sí, cada piedra indica el lugar del mensajero, el lugar donde se pasa de una forma de vida a otra. Y no te equivoques conmigo, cómo pudiste ver —y se señala con el dedo la entrepierna—ya hace tiempo que tengo pelo ahí. Soy más bajita que tú, pero mucho más vieja, quizás la persona más vieja que conozcas. Bueno, tampoco soy una persona, ¡qué lío! hace tanto tiempo que no hablo con nadie que me estoy olvidando de usar las palabras. Soy una especie de espíritu del bosque, eso que llamáis «duende», para que me entiendas.

—Los duendes solo existen en los cuentos para niños pequeños.

—Gran error, así hablan los adultos que han perdido el contacto con la tierra y los árboles. Hay muchas formas de existencia, más de las que la gente sospecha, no solo en la vida vegetal y animal, sino en muchas otras formas no manifestadas, que son solo mente y energía. Son el origen de las leyendas, espíritus del bosque e incluso monstruos que algunas personas sensibles ven, aunque no crean en lo que ven. Excepto los niños.

El bosque de los sueños – Susan Mielke

Notas: *Juego de palabras con otra denominación popular francesa que recibe el diente de león, «pissenlit» “mea camas”. Se utiliza como amenaza para que los niños no arranquen las flores y se manchen con el látex de los tallos.

(Fragmento de Dandelion)

Las tres ilustraciones utilizadas en esta entrada: Susan Mielke, para Pixabay.

La sabiduría del abejorro

From pexels-matthias-zomer-66625

Según las leyes de la física y de la aerodinámica el abejorro no puede volar, pero él no lo sabe.

Díme en lo que crees y estarás describiendo la jaula donde tu mismo te encierras, dijo un sabio.

Y Goethe: «Toda teoría es gris, verde el dorado árbol de la vida».

Deja la vida libre.

Entre los duendes y los trolls

John Bauer (Jönköping​ 4 de junio de 1882​ – lago Vättern, 20 de noviembre de 1918) fue un ilustrador sueco conocido por la serie de ilustraciones Bland Tomtar och Troll (Entre los duendes y los trolls), un libro de cuentos. (Fuente: Wikipedia)

Hace ya unos años que conozco la obra de John Bauer, exquisita y delicada como copas de fino cristal. Sus personajes son frágiles y melancólicos, etéreos como sus princesas de largos cabellos o entrañables, recios y achuchables como sus trolls de grandes narices. La infancia siempre presente, sus protagonistas apenas han dejado la niñez, quizás porque es en esa etapa de la vida, John sabía del poder de manifestación y creación de la mente infantil, la ilusión, la magia se puede manifestar y convertirse en realidad. Mejor dicho, la realidad es pura magia y asombro.

Una tarde de verano fueron con Bianca Maria a lo profundo del bosque

No obstante, sus bellas creaciones, y quizás debido al uso austero del policromátismo y colores vivos, transmiten un estado anímico de tristeza. Los duendes, trolls, hadas y princesas de los cuentos clásicos a menudo rebosan colorido, alegría y… «fueron felices». Con John Bauer, queda la incertidumbre…En algunas ocasiones he llegado a pensar que una persona así, con esa sensibilidad artística, seguramente podía extenderla a otras facetas de su vida. ¿Premonición? Su vida, el fin de la misma, no tuvo un final feliz. Murió a los 35 años, ahogado en un naufragio, junto a su mujer y su hijo de dos años.

Trolls de raíz

Y entonces ves que eran ellos, sus personajes, los más apenados, los conocedores del destino de su creador. ¿De dónde surgen los personajes, sino del mismo lugar donde habita el destino? Sí, tan cerca….de un cuento. El libro de tu vida, ya escrito y con las tapas cerradas, todo está en él, pero cada día solo te permite leer una página. Disfruta el presente.

La princesa Tuvstarr contemplando las aguas oscuras del lago del bosque