Entre los duendes y los trolls

John Bauer (Jönköping​ 4 de junio de 1882​ – lago Vättern, 20 de noviembre de 1918) fue un ilustrador sueco conocido por la serie de ilustraciones Bland Tomtar och Troll (Entre los duendes y los trolls), un libro de cuentos. (Fuente: Wikipedia)

Hace ya unos años que conozco la obra de John Bauer, exquisita y delicada como copas de fino cristal. Sus personajes son frágiles y melancólicos, etéreos como sus princesas de largos cabellos o entrañables, recios y achuchables como sus trolls de grandes narices. La infancia siempre presente, sus protagonistas apenas han dejado la niñez, quizás porque es en esa etapa de la vida, John sabía del poder de manifestación y creación de la mente infantil, la ilusión, la magia se puede manifestar y convertirse en realidad. Mejor dicho, la realidad es pura magia y asombro.

Una tarde de verano fueron con Bianca Maria a lo profundo del bosque

No obstante, sus bellas creaciones, y quizás debido al uso austero del policromátismo y colores vivos, transmiten un estado anímico de tristeza. Los duendes, trolls, hadas y princesas de los cuentos clásicos a menudo rebosan colorido, alegría y… «fueron felices». Con John Bauer, queda la incertidumbre…En algunas ocasiones he llegado a pensar que una persona así, con esa sensibilidad artística, seguramente podía extenderla a otras facetas de su vida. ¿Premonición? Su vida, el fin de la misma, no tuvo un final feliz. Murió a los 35 años, ahogado en un naufragio, junto a su mujer y su hijo de dos años.

Trolls de raíz

Y entonces ves que eran ellos, sus personajes, los más apenados, los conocedores del destino de su creador. ¿De dónde surgen los personajes, sino del mismo lugar donde habita el destino? Sí, tan cerca….de un cuento. El libro de tu vida, ya escrito y con las tapas cerradas, todo está en él, pero cada día solo te permite leer una página. Disfruta el presente.

La princesa Tuvstarr contemplando las aguas oscuras del lago del bosque

Nostalgia del Viejo Oeste

«¿Adónde vas?
Al mismo sitio que tú, Jeremías: No lo sé».


« Cabalgue hacia el oeste a la puesta de sol y tuerza a la izquierda. En las Montañas Rocosas. Déjate guiar por el viento y no pierdas de vista el horizonte».

Frases de: Las aventuras de Jeremías Johnson

Las ilustraciones son del pintor méxicano Alfredo Rodríguez, sus pinturas una obra de arte del realismo y del detalle, así como del uso del color. Hace años que me cautivaron. Especialista en retratar el viejo oeste y sus pobladores. Sensibilidad en estado puro.

Si queréis conocer más y disfrutar con este genio, aquí:https://www.yaconic.com/alfredo-rodriguez-hiperrealista/

Todos tenemos un alma aventurera 🙂

El triángulo del suicidio – Tierra de ángeles II

Foto de PHOTOKRUCHAK: https://www.pexels.com 12601354/

Tierra de Ángeles – II

Tras el funeral me quedé un par de días en el pueblo, revisar armarios y cajones, escarbar en la dura y fría nieve de los recuerdos de otros es una tarea ingrata, una arqueología de las memorias. Cavar, localizar, datar, valorar, conservar o desechar…Algunos objetos merecen  una segunda vida, están impregnados de la magia de los momentos felices, y al igual que las estrellas extintas, paradójicamente, su luz continúa viajando por el espacio y refulgirá en las pupilas de ojos que aún no han nacido. Otros objetos no obstante, convocan lo opuesto y hay que volverlos a sepultar, cometas convertidos en cementerios errantes que arrastran tras de sí, los cadáveres de otros mundos,  recuerdos sombríos, tenebrosos, espectros que  no soportan la luz, su presencia emana pesar, oscuridad y miedo.

Tierra de ángeles, pero también de infortunio ¿cómo no me había dado cuenta antes? Existe un triángulo geográfico, uno de los vértices está en este pueblo, pero aparte de encerrar bellos parajes, la inocente figura geométrica también delimita un área donde abunda la muerte, tristemente conocido como el triángulo de los suicidios, es el lugar de España con la tasa más alta de fallecimientos debidos a esa causa. El método casi siempre es el mismo en la mayoría de los casos, ahorcamiento, quizás por ser práctico, estar al alcance de todos —y más en el mundo rural— solo se  necesita un trozo de cuerda.

No se saben las causas, desde el manido “lo hacen por costumbre”, hasta sospechar de algún ingrediente tóxico en el agua, achacarlo a la abundancia de olivos y nogales, la existencia  de pirita en el subsuelo que dicen provoca alteraciones neurológicas, la influencia heredada a través de los genes, poco trabajo, aislamiento….En todo caso no hay conclusiones científicas   para explicar esta tradición macabra.

Quizás por ello hay tantos ángeles en la zona, donde la ciencia no alcanza llegan las alas. Todo fenómeno por el hecho de existir genera su opuesto, y es en la alternancia, equilibrio, donde crece la vida. La luz muy intensa disipa la oscuridad pero al mismo tiempo atrae a las criaturas de la noche que se mantienen en la sombra, al acecho. Simultáneamente la oscuridad  precisa de la luz para tomar forma y manifestarse…Y no hablamos de demonios encarnados en cuerpos diabólicos, hablamos de  demonios internos, los más difíciles de ver, los que te susurran al oído….los más peligrosos.

Bajo la última balda del armario se alinean media docena de zapatos, en sus cajas correspondientes, trato de recordar en qué ocasiones se los vi puestos, lo recuerdo perfectamente, el día de mi boda, el nacimiento de los niños, la comunión de Alex….etc…Pero queda una caja desconocida, la abro, dentro se encuentran unas zapatillas de gasa iridiscente, envueltas en papel de seda blanca, huelen a vainilla, son de una chica joven…al lado el cabo de una cuerda con un nudo corredizo, y unas crines de caballo de color azafrán.

Subido a la encina, ata la cuerda de esparto y asegura el nudo tirando de los extremos. Por el rabillo del ojo ve acercarse a alguien, parece una muchacha, pero no es de allí, por la ropa que viste,  será hija de algún señorito de Barcelona o Sevilla.

—¿Qué haces? —le pregunta, mientras se acerca al tronco y mira arriba.

—A ti que te importa.

—Sí  que me importa, y a Lupe también —dice señalando a la mula que los mira con sus grandes e inocentes ojos negros—  ¿Le quieres hacer daño a ella también?

—A ella no. Es muy buena —una lagrimilla brilla— Muy buena.

—Y entonces ¿a quién?   No quieres quedarte con ella y cabalgar juntos, llevarla al río y darle manzanas de las rojas, de las que a ella le gustan.

—A nadie, me quiero ir…simplemente. Y Lupe no es mía, es del patrón.

—Baja y hablamos, tengo que darte un recado.

Y hay algo en el tono de la voz, más una caricia que un sonido, que lo impulsa a bajar. Y se encuentra con unos ojos azules, no el azul que está acostumbrado a ver, siempre el mismo tono cristalino, duro e intenso, sino que es un azul que se  mueve, pleno de vida, cambiante, como el agua que se desliza en los arroyos. No ha visto nunca el mar, pero sabe que lo está contemplando ahora, en su vaivén eterno, también sabe que otro nombre para tanta agua es inmensidad. Y Inmensidad está llamándolo…para que se adentre en ese mundo turquesa.

—¿Cómo te llamas? —pregunta el chico, con una estrella diminuta en la mirada.

—Esperanza, pero puedes llamarme, cariño.

Se sonroja cómo un tomate, pero sonríe satisfecho. Y pregunta:

—Y ese calzado ¿tú, de dónde vienes?

—De muy lejos no, más bien de muy cerca.

Él asiente, se rasca la cabeza, no la acaba de entender, pero le gusta mucho, mucho.

Lupe se interpone entre ambos, mueve la cabeza como queriendo decir sí. Ella ha entendido. Alberto sujeta las riendas, Esperanza sube, él monta detrás, le abraza la cintura con una mano y con la otra le da el cabo de la cuerda que cortó antes de bajar.  Ella sonríe y guía la mano a la cintura, junto a la otra, y las aprieta contra sí.

Alberto pensaba preguntarle a Esperanza,  qué recado quería darle, pero sabe que no es necesario, que cada palabra que han pronunciado rubrica  una nueva vida, y aquellas que no se han dicho se han convertido en promesas que acarician.

Sound

«…Haz todo lo que temes

en esto hay poder

el poder no es para tener miedo…

…Ven, sumérgete
Deja tus huesos, deja tu piel
Deja tu pasado, deja tu oficio
Deja tu corazón sufriente…»

James, en estado puro. Uno de sus temas más seductores y poéticos, con un ritmo creciente que invita a dejarse transportar por la música. ¡Buen viaje!

«Existen otros mundos, pero están en este».

La palabra trance proviene del latín transīre: transitar, transportarse, cruzar, pasar por encima, y los múltiples significados de su parónimo «entrada» (relacionado con umbral, conducto, portal y canal).

(Fuente: wikipedia)

Kimono gatuno

Esta imagen es la parte posterior de un kimono, desde la nuca al tobillo. No es el diseño tradicional, este es atrevido y a la vez simpático. Según me comentaron, hace ya unos años, era de unos diseñadores españoles. No sé nada más. Hoy surgieron unas líneas, estilo haiku.

Siesta perdida

Ikki corre tras el gato

Maullando los dos

Noche de estío

Feliz juega el gato

Placer y dolor

Puerta abierta

Gato curioso rasca

Juguete nuevo

Imágenes gato Maneki Neko: Foto de Miguel Á. Padriñán: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-la-figura-maneki-neko-932263/

Aishiteru

From pexels by eva elijas-6372804

Caía la nieve, Aiko, recuerdo tus palabras:

«Dime que me amas, una vez más, antes de irme».

Dibujé corazones en la nieve con tu nombre dentro,

en el jardín, en todos los campos y caminos de Nagano.

 En la primavera,  el rumor de los arroyos susurraba: «Aishiteru»

Las flores en el jardín y en los campos decían: «Aishiteru»

Mis ojos también gritaban: «Te amo»

Te fuiste con una sonrisa.

Q.M.

El recipiente (Reflexiones)

A Eusebio Simplón, «respirar» no era exactamente lo que le disgustaba. Vamos a analizar la cuestión:

 A Eusebio, lo que le molestaba sobremanera, incluso llegaba a odiar, era expulsar el aire, la espiración. Se negaba con vehemencia, no quería,  aunque se le inflasen los mofletes con riesgo  de estallar, se le enrojeciera la cara hasta parecer un tomate y los ojos amenazaran con salirse de las órbitas.  En cambio, tomar aire, la inspiración le encantaba, le hacía sentirse feliz.

Inevitable elección que la mente no determina y el cuerpo decide, vivir es la opción. Para saber lo que es peor o mejor, para conocer lo que nos conviene no tenemos tino, afortunadamente el devenir ya está escrito y enrollado en un pergamino.

 «¡Qué mala suerte! ¿Por qué tenía que pasarme esto? No me lo merezco. La vida me trata injustamente. Tengo la esperanza de que las cosas cambien  —y supuestamente vayan a mejor—…».

La esperanza son fuegos de artificio en una noche sin luna. Es un pensamiento,  una forma encubierta de no aceptar nuestra realidad, la única que tenemos siempre delante.  Las heridas y  las satisfacciones que nos ha dejado la vida son justamente las que hemos necesitado para vivir y llegar a ser lo que somos.  Solo podemos ser la manifestación de nosotros mismos, hablar desde nuestra propia experiencia. No nos sirve copiar o repetir lo que dijeron otros,  no nos alimenta lo que digieren otras gentes sino lo que masticamos nosotros. Somos inimitables  y insustituibles, una expresión única. Nuestra vida es nuestro destino, es una misma cosa, las páginas escritas de un libro cerrado que cada uno lee a su ritmo.

Aparentemente todos los días son iguales, con un poco de observación te das cuenta de que, en realidad cada día es único,  un pequeño prodigio de la vida, una grandiosa creación. La mayoría de la gente asocia lo que llaman el Big Bang, con un acontecimiento espectacular, ocurrido hace millones de años, en el que intervinieron los grandes protagonistas del cosmos: galaxias, nebulosas, planetas, estrellas, gases, espacio…y no nos damos cuenta de que el big bang no es un acontecimiento que ocurrió una vez, sino que es un proceso continuo, nunca interrumpido, creación y destrucción, el día y la  noche, la vigilia y  el sueño, inspiro, espiro…el látido del mundo es  big bang y resuena en todo lo que vemos y experimentamos, ya que somos el contenedor (y el contenido), el espacio, donde todo tiene lugar.

 El mosquito que vive dos días también experimenta el big bang; de igual manera, cada una de nuestras células se manifiesta, expande, crece, se contrae y desaparece. La manzana ya está en el manzano aún antes de que salga la flor, esta sea polinizada y aparezca el fruto. En la semilla del interior de la manzana, millones de células y procesos están dando forma a nuevos universos, a nuevos árboles que al igual que un fractal generaran nuevas cosechas de manzanas, y estas de semillas, y así infinitamente. Esperan para nacer, manifestarse y ser, pero de alguna manera ya están ahí, desde hace muchísimo tiempo, nunca han dejado de estar. Algunos lo llaman Eternidad.

Retomemos el concepto: la esperanza. ¿Para qué queremos la esperanza? ¿Para qué queremos elegir lo que consideramos que nos merecemos? No somos tan listos, aunque sí algo arrogantes ¿sabemos lo que nos conviene? La vida que tenemos es un poco lo opuesto a la esperanza, ya que es real. Nuestra existencia es conciencia de cada instante. No hay más.   ¿Por qué vamos a elegir o discriminar entre esto y aquello? No hay necesidad de elegir una parte. Todo cuanto acontece, todo cuanto sentimos y pensamos, todos los objetos, todas las personas, todo,  absolutamente Todo, ten la certeza, es el  inmenso regalo que hemos recibido/somos.

No tenemos necesidad de ir al océano con un cubo para coger agua y refrescarnos. El mar no es tacaño, es total ofrecimiento,  depende de cada individuo   la cantidad de líquido que podemos  tomar.

 Al principio solemos pensar que, a más cantidad de agua tomemos mejor, más conocimiento,  pero no es así…a más cantidad de agua tomamos más crece el ego. El ego es el recipiente insaciable, la infelicidad. No necesitamos ningún recipiente, ni acumular información, únicamente desprendernos de la ropa y sumergirnos dentro del mar. En ese momento, sin pretenderlo, todo conocimiento se desvanece  y el agua deviene certeza.

ROJO

Es un color vinculado a muchas manifestaciones humanas, poéticamente sinónimo y metáfora de:  

Alegría, su emoción, su manifestación externa: la sonrisa. También la felicidad.

Amor, su atributo es su propio nombre, la bondad su expresión. Altruismo, comunión.

Conciencia, la residencia del espíritu. Los ojos son su espejo.

Corazón, morada física de la Conciencia. Moviliza la sangre.

Fuego, la expansión y plenitud de la vida.

Ira, es más bien verde, de carácter explosivo y prende la llama, roja.

Madurez, la época de cosechar los dorados frutos de la juventud.

Manos, dan, curan, acarician, expresan sin palabras las emociones que el corazón siente.

Pasión,  hace arder la sangre y las emociones. Eleva el espíritu. No confundir con solo sexo.

Peligro, como contraposición a perder lo que contiene esta lista, la vida.

Poder, más caro que el oro, el púrpura, el color de los reyes y nobles, representa el poder absoluto.

Sangre, sinónimo de vida, lo más valioso. De ahí… los sacrificios.

Sexo, estar caliente. Instinto natural.

Sol, máxima expansión del día y la luz. Calor, ardiente.

Verano, la época del año en que este color vibra más intensamente.

Estamos a punto de celebrar de forma festiva el solsticio de verano,  aunque se produjo realmente hace un par de días. Entramos de lleno en el rojo. ¡FELIZ VERANO!

 Hay grandes poetas visuales, uno de ellos es Zhang Yimou, el director de cine chino. Nadie como él en el manejo de los colores y su lenguaje secreto. Cada una de sus películas es un universo cromático donde cada tono crea una atmósfera, te transporta a otros estados de ánimo y desde luego te nutre y revive, pues en innumerables ocasiones  da la sensación de utilizar colores que habías olvidado que existían.  Es similar a lo que pasa con el cielo y las estrellas ¿Cuándo fue la última vez que alzaste la cabeza para mirarlas? Algunos incluso habrán olvidado su existencia.

«Brillan por ti, allá en lo alto» Abba.

La imagen es de la película Hero (2002), de Zhang Yimou. Por cierto, me recuerda, por el colorido, a la bellísima creación de nuestra amiga y compañera bloguera Giada, en:

Una hoja de hierba, una piedra tatuada

Lithops – Foto Q.M.

Una hoja de hierba

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneis y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.

(Walt Whitman)

En ocasiones,  un atisbo de realidad —rayo de luz— perfora el denso banco de nubes que son nuestros pensamientos. Los cuales surcan los cielos de nuestra conciencia, cómo rebaños perdidos, sin más trascendencia que su presencia nómada y efímera.  No es que las nubes las hayamos creado nosotros, ni mucho menos, no son una creación sino un efluvio, un acontecer…tampoco son un obstáculo ni un problema a evitar, cómo ejemplo la famosa creencia de que hay que «acallar la mente» para «encontrarnos a nosotros mismos». El intelecto, el entendimiento, no es enemigo, los pensamientos son niños inocentes y juguetones, aunque solo los revoltosos, los más escandalosos, nos perturban y captan más nuestra atención. La conciencia es la gran marmita, la olla de la emanación donde hierven los pensamientos, las ideas. Continuamente en ebullición, no puede parar de manifestar, cada  burbujeo, cada pompa crece hasta estallar y libera una sorpresa inesperada ¿Qué será lo que pensaré de aquí a un minuto? ¿Qué surgirá, será un pensamiento  denso, triste, evanescente, deshilachado, alegre? Incluso puede suceder que no nos guste lo que aparece ¡Qué paradoja! Ni siquiera puedo pensar lo que quiero con «mi mente». No es una cuestión de preferencias, tampoco responde a nuestra intencionalidad o voluntad, es una manifestación libre cómo las formas que adoptan las nubes en el cielo ¿quién las diseña? Pero entonces ocurre un fenómeno curioso, al hacernos consciente del pensamiento,  la mente o ego (siempre unas fracciones de segundo más tarde) se atribuye la autoría del mismo, y decimos: «Acabo de pensar esto y aquello», «se me ha ocurrido…».

Todo lo que llamamos conocimiento del mundo, nos lo han enseñado y lo hemos adquirido a través de un lenguaje aprendido, las palabras. Las palabras no sustituyen a la   realidad nunca, pero son un trampantojo muy bien creado, un relato creíble pero no verídico, parece que sabemos, y a veces confundimos el parece que sabemos como si fuéramos lo  que parece que somos. La existencia solo puede ser experimentada no pensada. Podemos hablar de todo sin haber experimentado la mayor parte de lo que nombramos. Podemos existir en un mundo construido de palabras, un mundo imaginario que continuamente está siendo creado y destruido, un mundo donde no hay sensación, ni experiencia directa de la verdad. Podemos hablar de las galaxias, constelaciones a millones de años luz, atmósfera de Júpiter y Saturno, distancias estelares…podemos hablar de la infinitud que conceptualizamos, pero la auténtica y única certeza es que nuestro universo conocido, mal que nos pese, son las cuatro calles que diariamente recorremos para ir al trabajo o realizar nuestras actividades cotidianas. Y es dentro de esa existencia en la que nos movemos y a menudo no aceptamos —nos gustaría que fuese otra— donde viajamos con la mente a todo ese mundo de conocimiento que nos parece tan interesante y lleno de tantas maravillas lejanas e inaccesibles. Un mundo donde la esperanza es una promesa irrealizable que nos hacemos, una promesa «me lo merezco» que esconde la no aceptación de la realidad actual, cómo si la vida nos debiera algo, una felicidad muy buena, todavía por llegar.

Las maravillas lejanas no son sino un reflejo de todo lo que nos rodea cuando prestamos atención, no a lo que pensamos, sino a lo que sentimos, a las sensaciones, aquello que los sentidos captan, y estamos percibiendo  continuamente…dejamos de pensar acerca de y nos convertimos en sensación plena. Nos conmueve un poema hasta emocionarnos incluso antes de haberlo comprendido, una canción nos llega al alma, está en camerunés (no importa), la melodía, la sensación surge antes de que el pensamiento «no entiendo la letra» aparezca. Ese pensamiento intruso, maleducado y con afán de notoriedad que lo único que busca es sentirse ser, ser algo a toda costa, no es más que vaho, puede empañar brevemente y se desvanece.

Nos gusta escribir sobre temas majestuosos, solemnes, trascendentes, amor, paraísos, infiernos, inmensidades de los cielos, océanos, desiertos, bosques…sí, está bien…lo somos, todo ello…pero también hay más, infinitamente más, si miramos lo que tenemos justo delante….y también lo somos, ya en este preciso instante. Es una puerta batiente que se abre hacia los dos lados. Nos gusta llamarlos interior y exterior, dentro y fuera, material y espiritual, positivo y negativo, físico y mental, alma y psique, vacío y plenitud, conciencia y ego, realidad y irrealidad, virtud y pecado, razón y fantasía, pasado y futuro, cielo e infierno…todo nos nombra, nada nos define. Toda definición que asumamos nos encerrará en la jaula que construiremos…No hay puertas. Deja la vida libre.