Renacimiento

El nacimiento de Venus – Sandro Botticelli

Simonetta pintaba en las rayas que dibujan las espirales del tiempo, estelas transparentes de la eternidad, con la paleta cromática del arcoíris, un solo rayo de luz transparente  abierto a infinitas posibilidades ―la magia existe si previamente está quien la hace posible― Impregnaba el pincel en los colores de las llamas, bien empapado,  y con el gesto seco y preciso de una diosa salpicaba el lienzo, cientos de gotas en caótico desorden se estrellaban contra la blanca tela ―¿la nada?― y se escurrían como lágrimas sin dejar rastro de color hasta el precipicio del marco, y cuando el mundo callaba expectante e indignado ante el deprimente arte, allí estaba la magia. Movía el pincel/batuta hacia arriba, un solo gesto, y las gotas multicolores se agitaban como larvas de algún insecto, y de las gotas aplastadas salían ápices que se transformaban en vértices, como aparecen los dedos al abrir el puño, y se convertían en hojas de arce con los colores del fuego, los tonos del otoño, y aleteaban tímidamente convertidas en mariposas para emprender el vuelo hacia lo alto, abandonando el cuadro, llenando el cielo de parpadeos, para después regresar al lienzo y allí permanecer quietas en una nube globosa, palpitante, transformándose de nuevo  en hojas, con las tonalidades  que robaron al sol y que ahora lo recuerdan y convocan,  como niños huérfanos llamando a su padre…y el padre, durmiente, dentro del dorado lecho foliar se despereza y abre los ojos en cada hoja simultáneamente, convirtiéndolas en luz, y el árbol ―sin tronco, ni raíces―se estira alargándose y curvándose sobre el ojo de la eternidad, convertido en la espiral del tiempo, una galaxia cuajada de estrellas, miles, que palpitan en las pupilas de Simonetta.

Y siente la necesidad de no estar sola, la sed de buscar un compañero para atravesar la eternidad y alcanzar ese lugar prohibido del que hablan y que en ocasiones aparece en su visión. Traza una silueta con su dedo índice, un fino hilo de luz recorta el satinado y  estrellado cielo nocturno y se desprende una figura plana,  no mucho más que un trozo de papel pintado recortado de una pared tapizada con sueños y esperanza ,  aunque este no es un estampado sin vida, son diminutas flores, miles de estrellas diminutas  que respiran luz blanca, pulsante, rítmica. El latido de un corazón aparece en la ecografía de las estrellas, y con cada respiración se  añade tridimensionalidad a la forma pensada, lentamente se expanden los volúmenes, redondean y emerge un rostro, sus facciones revelan a alguien cuyo perfil ha dibujado tantas veces con el lápiz que ha dejado un molde en los circuitos de su memoria, es David, el que la gente llama de Miguel Ángel en el lugar prohibido, el arquetipo de la perfección. Finalmente completo y desnudo ante ella, como tallado en un bloque de diamante, cada arista refulge y multiplica la luz blanca en abanicos de colores que se expanden hacia la eternidad, es el nacimiento de una estrella, de un dios, del propósito de encarnarse en un cuerpo vivo y experimentar la vida. El anhelo de mortalidad que enfrentó a legiones aladas hace eones sigue siendo inmortal, la sed de existir no se extingue nunca.

Me veo reflejada en tus ojos de cristal, David, en el paraíso me dibujaron como Venus en la obra de Botticelli, desnuda como tú, arquetipo  femenino de un ideal. Fue efímera mi vida, era legendaria mi belleza, una flor en una frágil copa de cristal. Cruel fue mi destino, apenas mojarme los labios con el sabor de la ambrosía y tuve que renunciar a todo cuando me llevó la  Parca. Ya entonces te dibujaba una y otra vez, recorría tu rostro en el papel y sentía tu piel cálida y tus relieves bajo la yema de mis dedos. No pude concluirte, no pude sentirte y amarte, solo tú conoces mi nombre, Simonetta, porque eres parte de mí, nacido de mi propósito y de mis deseos no satisfechos que conmueven al universo.
Por ello has venido, para volver a nacer, para poderte besar una vez más, porque aunque te he amado en sueños, nunca he notado la calidez de tus labios, y el sabor que destilan, sé que saben a miel…y volvería a morir y volvería a nacer una y otra vez, por besarte una vez más.

Me desprendo de la capa que cubre mi desnudez, mi cuerpo es un prisma luminoso como el tuyo, refulgen en todas direcciones rayos de colores que se convierten en hilos flexibles de cristal, me abrazo a ti fuertemente, tu no deseas perderme de nuevo, los hilos nos rodean y forman un capullo de luz a nuestro alrededor. Fuera o dentro, depende de la visión, en el espacio acogedor, de terciopelo negro, la eterna matriz de la creación se dilata.

En otro lugar:

Noticias: En Florencia han desaparecido dos de las obras más significativas del Arte del Renacimiento. El robo fue simultáneo en las dos galerías de arte. Las cámaras de seguridad, en ambos casos, únicamente han captado un resplandor que se reduce a un foco de linterna que se dirige hacia las puertas y las atraviesa. Se sospecha que los ladrones han utilizado tecnología avanzada de camuflaje lo que hace imposible su identificación.

En otro lugar:

―Dos ristretto  y dos raciones de tarta de manzana, por favor ―pide David.

―Me moría de ganas de probar esto que llaman café ―dice Simonetta.

―Tenemos toda la eternidad, para probar esto y muchas otras cosas, y le guiña un ojo.

Se acercan el uno al otro. Se besan.

David – Miguel Ángel Buonarroti

2 comentarios en “Renacimiento

  1. Leggerti è un’esperienza che equivale alla descrizione che hai fatto tu stesso; è come impregnare un pennello in una piccola pozzanghera di brillantini, fiamme e sogni. Le tue descrizioni sono sempre molto accattivanti e personali.
    Un viaggio molto gradito 🌻

    Le gusta a 1 persona

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