El calvero de los últimos antiguos

Un gran calvero esférico, con el suelo oscuro como la sangre seca, señala el emplazamiento donde una vez hubo un poblado, algunos líquenes amarillentos son la única forma de vida que intenta medrar en aquella tierra. El círculo yermo lo cruza un pequeño sendero polvoriento utilizado como ruta de paso por los animales salvajes, distingue las huellas de jabalíes, conejos y zorros, le llama la atención la ausencia de pisadas fuera del sendero, la tierra granate no la pisa ningún ser vivo. Dandelion sigue la misma ruta y camina siguiendo las huellas que desembocan al pie del bosque. Dos troncos verticales, semiocultos por las enredaderas, del grosor de un  cuerpo adulto señalan la entrada, la madera es oscura y rezuma agua continuamente formando charcos en la base. Unos filamentos oscuros, asemejan a un tipo de musgo, pueblan la corteza mojada, tira de un hilo y se desprende, lo ha visto otras veces, es un pelo con su raíz. Descubre horrorizado que la corteza del árbol es  piel muerta.

Se oyen gruñidos provenientes de la profundidad del bosque, rumor de crujidos de ramas doblándose. Hojas sacudiéndose con furia.

—¡Quéreis callaros! —grita una voz infantil.

De la espesura salen dos brazos que apartan la densa vegetación, como si nadasen a través de ella. Le sigue una cara pecosa y pelirroja con ojos verdes como la hoja del abedul. Lleva el pelo recogido en una cola y atado atrás con una fina tira de cuero.

—¿Qué miras? ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres? —le pregunta, mirándolo con desconfianza y curiosidad.

—¿Eres una niña o un demonio? Así con la cara sucia y negra no te distingo bien. Es la primera vez que me encuentro a  una sola por el bosque. Es peligroso.

—¡Qué voy a ser! Y con un gesto espontáneo y rápido se sube y baja el borde de la faldita de cuero y le muestra lo que hay debajo— ¿Lo has visto bien?….porque no te lo voy a volver a enseñar. Contesta mis preguntas, ahora ¿Quién eres?

—Me llamo Dandelion…—comienza su explicación, ruborizado.

—Más bien deberías llamarte Pissenlit * —le contesta y se ríe a carcajadas.

El joven baja la cabeza, serio, ignora las risas y continúa su historia. Le cuenta lo ocurrido a su madre, lo que pasa en Abisal y la cercanía de los leñadores.

La niña escucha con el semblante serio y le responde:

—Siento lo de tu madre. No debería haberme reído de ti. Yo soy Menta, por el color de mis ojos. Sí, teníamos noticias de que se acercaban los leñadores y vendrán muchos más. Ha comenzado una gran guerra y se necesita madera para alimentar las forjas, y los ejércitos, construir máquinas de asedio y  embarcaciones. La Santapía se ha comprometido en suministrar toda la necesaria a los ejércitos del  Rey y no pararán hasta haber talado y  devastado toda la región. Deberemos actuar.

—¿Quién? No veo a nadie más. ¿Están dentro del bosque los demás?

—¿Quién va a ser? Nosotros dos y el bosque. No hay nadie más. Enséñame los huesos que recogiste de tu madre.

Menta los examina, huele y finalmente chupa el extremo de uno.

—Sí, era una de los nuestros, la he reconocido, no sabía que hubiese tenido un hijo. Ven, buscaremos un lugar donde sembrarlos.

—¿Sembrarlos? querrás decir enterrarlos.

—No, no, sembrarlos, has oído bien. Sígueme.

Menta se acerca a los pilares, pasa por una apertura en el muro vegetal entre ramas resecas y puntiagudas como lanzas y arbustos espinosos con espinas semejantes a garras. Penetran en un túnel arbóreo que la luz nunca ha visitado. El suelo está lleno de hojas muertas, mojadas, pútridas, entre las cuales pululan insectos de pesadilla y arañas monstruosas, restos de caparazones, crisálidas vacías, tierra negra, resbaladiza y maloliente. Cientos de telarañas penden de los árboles como nubes caídas, cortinajes rotos y pegajosos con restos de mariposas, pájaros y murciélagos convertidos en siniestros trofeos. Se oye un riachuelo correr, se desvían e introducen en el agua limpia y fresca, siguen su curso chapoteando aliviados,  y un punto de luz se percibe entre las altas copas, y luego  otro y otro, y los claros son cada vez más amplios y dejan pasar más luminosidad, los rayos oblicuos del sol convertidos en lanzas candentes, ígneas, atraviesan las copas y se posan en ellas creando la sensación de una cobertura de polvo de oro. El cielo se deja ver y bajo el mismo aparece un claro verde, inmenso, cubierto de diminutos nomeolvides con sus pequeños pétalos azules y el ojo amarillo en el centro, creando un tapiz, una galaxia de estrellas azules y soles  amarillos, que se extiende hasta donde alcanza la vista.

Pequeños círculos de piedra sin apenas altura y de una zancada de diámetro,  y menhires de no  más de un metro de alto parecen crecer entre las florecillas, como extrañas plantas petrificadas. Hay centenares, miles. Avanzando entre las piedras Menta se detiene en un lugar que le parece adecuado y con una azadilla comienza a cavar sin profundizar mucho.

—Aquí, Dandelion, trae los huesos.

El joven le acerca los dos huesecillos. Menta los coloca con delicadeza en el suelo y los cubre con tierra, al lado coloca la piedra que faltaba para completar aquel círculo. Y le explica:

—Los huesos nunca mueren, al igual que las estrellas, los minerales que los componen continúan actuando como mensajeros del espíritu que partió, en contacto con el clan. Pero, hay otro proceso, la parte orgánica del hueso se convierte en vegetal, nutrirá a los hombres después de haberlos amado a través de la fertilidad en las cosechas. Carne y hueso se convierten en madera al morir. Los troncos de los árboles traen las voces de los huesos que viven entre las rocas de la tierra, las ramas y las hojas transforman  las voces en flores y semillas que transporta el viento, las aves y los insectos. Cada vez que te detienes a contemplar la belleza de una flor, o disfrutas de la sutileza del perfume de sus pétalos,  alguien te está diciendo «te quiero».

—Entonces, Menta ¿Cada piedra señala el lugar donde hay enterrados huesos? ¿Cómo sabes esas cosas? Eres más pequeña que yo.

—Sí, cada piedra indica el lugar del mensajero, el lugar donde se pasa de una forma de vida a otra. Y no te equivoques conmigo, cómo pudiste ver —y se señala con el dedo la entrepierna—ya hace tiempo que tengo pelo ahí. Soy más bajita que tú, pero mucho más vieja, quizás la persona más vieja que conozcas. Bueno, tampoco soy una persona, ¡qué lío! hace tanto tiempo que no hablo con nadie que me estoy olvidando de usar las palabras. Soy una especie de espíritu del bosque, eso que llamáis «duende», para que me entiendas.

—Los duendes solo existen en los cuentos para niños pequeños.

—Gran error, así hablan los adultos que han perdido el contacto con la tierra y los árboles. Hay muchas formas de existencia, más de las que la gente sospecha, no solo en la vida vegetal y animal, sino en muchas otras formas no manifestadas, que son solo mente y energía. Son el origen de las leyendas, espíritus del bosque e incluso monstruos que algunas personas sensibles ven, aunque no crean en lo que ven. Excepto los niños.

El bosque de los sueños – Susan Mielke

Notas: *Juego de palabras con otra denominación popular francesa que recibe el diente de león, «pissenlit» “mea camas”. Se utiliza como amenaza para que los niños no arranquen las flores y se manchen con el látex de los tallos.

(Fragmento de Dandelion)

Las tres ilustraciones utilizadas en esta entrada: Susan Mielke, para Pixabay.

6 comentarios en “El calvero de los últimos antiguos

    • Gracias Joiel por tu comentario, lo valoro particularmente porque viniendo de ti que derramas imaginación y talento, es un honor. Sí, la imaginación es una bandera a la que debo frenar para no volverme abstracto o escribir con jeroglíficos, el realismo mágico es un entorno que me gusta recorrer, en el habitan seres que vale la pena conocer y dejar que formen parte de tu vida. Fuerza y honor 🙂

      Le gusta a 1 persona

    • Grazie mille, Giusy, sei molto gentile. Sono contento di che t’abbia piaciuto. Le foreste sono luoghi dove l’essere umano si sente in comunione con la natura, con se stesso. Noi siamo anche natura. E casa nostra. Respira l’aria fresca…Mmmmm. 🙂

      Le gusta a 1 persona

      • Sii!😊 sono sempre molto colpita non solo dal dettaglio «i filamenti/pelle morta» ma anche dalle riflessioni «elevate»; la parte delle ossa e della morte di cui mi sembra tu avessi anche già condiviso un frame, è qualcosa di illuminante e rassicurante per chi resta e chi va…
        🌻

        Le gusta a 1 persona

      • Grazie dalla tua lettura attenta e detagliata, tutto un lusso. Sí, qualche frame è uscito in altri post, sempre come un menu degustazione di piccoli bocconi. Il racconto completo ha 20 foglie, nessuno sopporterebbe la indigestione :-))))

        Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s