Eudemonía

Lawrence Alma-Tadema: Las rosas de Heliogábalo

Dicen algunos que el eje de la tierra dejó de estar inclinado y  ello afectó  a los campos magnéticos dando una nueva orientación a la humanidad. Otros opinan que la esperada alineación planetaria modificó la frecuencia vibratoria de nuestro astro,  los más excéntricos adjudicaban la acción a seres de otras galaxias, los espirituales creen que fue motivado por una intervención de la divinidad, los materialistas a la optimización de los recursos económicos, los políticos a la provechosa y honesta gestión de sus gobiernos,  los religiosos a su buen ejemplo,  filósofos y psicólogos al hecho de que la lógica se había impuesto finalmente sobre los instintos primarios. Se hablaba de sociedad madura que había alcanzado la edad adulta. Se  mencionaba la nueva era, un cambio de conciencia planetaria en el que habían participado innumerables gurús y seres evolucionados de esta y otras dimensiones,  incluyendo a las ballenas y delfines.

Todas las personas quisieron contribuir y aportar su granito de arena a la gran obra, la generosidad se transmutó en toneladas de: harina, agua, azúcar, vainilla, levadura, leche, huevo, chocolate, almendra molida, miel, y nata. Estaban los creadores de recetas magistrales y los artesanos expertos en mezclar, batir, amasar,  y también los gastrónomos de paladares refinados que aprobaron el sabor definitivo y ¿cómo no? millones de degustadores dispuestos a catar una porción única, una sensación nunca  conocida ni experimentada.  Finalmente había llegado el momento, este sí que era un gran salto para la humanidad, la tarta había tomado forma y, contra todo pronóstico, tenía un aspecto exquisito y un aroma que era heraldo de un sabor paradisíaco. Para concluir, la corporación ‘Sumum Bonum’, promotora del acto, espolvoreó una fina capa de azúcar glas mezclado con el ingrediente secreto GozoS8. 

«Les recordamos que, siguiendo el proceso de elaboración que hemos transmitido en directo por televisión, y utilizando los mismos productos se fabricarán billones de pastillas monodosis. La primera, será distribuida de forma gratuita a toda la humanidad. Su efecto se mantendrá durante 365 días. A partir del año se comercializará con el nombre de Eudemonía. Ahora, simbólicamente y para conmemorar este momento decisivo, prenderemos una velita».

En el centro del pastel una candela roja solitaria se enciende, la llama oscila y parpadea  en un guiño cómplice.

—¿Qué celebramos? —os preguntáis— Yo os lo digo: El primer «Sin».

 ¿«Sin», sin qué?  Sin infelicidad.

Sé que no podéis verlo porque estáis inmersos en él, así como los peces no ven el agua y son parte indivisible del océano donde transcurre su existencia. Así, vosotros no sois conscientes de que vivís en un mundo en paz, un mundo armonioso, equitativo y justo, sin diferencias ni enfrentamientos entre las  razas que pueblan la tierra, sin ningún tipo de discriminación, sin pobreza, hambre ni problemas económicos, con salud global, sin enfermedades, sin vicios, sin maldad, sin egoísmo —ya que hay suficiente para todos—. La gente extiende la mano para dar, no para pedir, para estrecharla y prolongarla en un abrazo. Sois la generación que ve cumplidas todas las aspiraciones y hecha realidad la completitud de sus sueños, de todos los deseos formulados en fin de año, todo lo anhelado durante miles de años por el inconsciente colectivo, todas las anotaciones  inscritas en la agenda de las células, los genes, cómo «pendientes» o «me lo merezco»: paz, salud, amor, o este otro trío: existencia, conciencia, felicidad, o ese otro: pan, abrigo y refugio…Todo ello  ya no es una esperanza,  sino una realidad. La vuestra. Solo tenéis que tomar una pastillita de Eudemonía  y la dulzura de la existencia devendrá eterna. Sí, no habéis oído mal…para siempre, decid adiós a los sabores amargos, ásperos, ácidos, agrios, punzantes, salados, astringentes, en suma: desagradables. El dulce es el sabor de la felicidad.

—……… (rumor)

—Parece que hay una interrupción, un pequeño alboroto, un núcleo de rebeldía al fondo de la sala. Aquí escuchamos todas las opiniones y les damos la bienvenida, dejadles acercar a este estrado y que hablen.

—Nosotros, a los que llamáis «insurrectos» solo pedimos que se respete nuestro derecho a «la infelicidad», bien entendida, por supuesto. Os pondré un ejemplo: Vamos al cine, la película es de gente feliz, llevando una existencia plácida, sin sobresaltos, sin emociones, sin nada que altere la mente ni los corazones, todo previsible, sin espontaneidad…sin embargo esa es la película que hemos elegido ver…al rato nos invade el aburrimiento, el hastío, el empalago, la saturación, la apatía…la sensación de haber sido engañados de alguna forma misteriosa, con nuestro consentimiento, «si lo llego a saber no me gasto el dinero en ver esto». ¿Qué está pasando?  —os preguntáis—  Es simple, estamos viendo siempre la misma película.

—Eso es absurdo, toda persona tiene su propia existencia y sus circunstancias personales, somos divergentes unos de otros.

—¿Eso creéis? Cuando vais al cine, imaginad una sala inmensa con miles de espectadores, proyectan la película, la misma para todos. Un solo filme, miles de experiencias. El celuloide no contiene las emociones que sentimos, son únicamente imágenes, juegos de luz, los sentimientos cada uno los lleva consigo y los evoca, revive, vivifica: «Y si yo tuviese un coche deportivo como el protagonista, y una amante sexy igual que la pelirroja,  y un chalet con jacuzzi, y una cabaña en el bosque…Ay, si yo tuviese».

 Estamos presenciado unas imágenes en la pantalla y una filmación distinta en la mente. La única que aparentemente nunca nos cansamos de contemplar, la de nuestra propia vida imaginaria: «Y si ganase tanto dinero como aquel magnate, me compraría un caballo y un yate para viajar alrededor del mundo, saboreando marisco y champagne francés en las puestas de sol, y a los niños les pondría una institutriz del estilo de Mary Poppins (qué buenos recuerdos), y todos seríamos felices…»

Por favor, pare de decir disparates —dice el presentador y dando un suspiro de condescendencia continúa—: ¿Está insinuando que los individuos no tenemos libre albedrío, que estamos manipulados o acaso sugiere que somos estúpidos? La realidad es que las personas gustamos del ritual repetitivo de los actos, la zona de confort, el universo conocido donde nos movemos nos transmite seguridad. Los niños pequeños en ese aspecto son una buena referencia; les deleita escuchar cuentos, una y otra vez el mismo, sin variaciones, ves como mueven los labios en silencio repitiendo de memoria las frases, se dan cuenta en seguida si alteras una sola línea, no quieren imprevistos novedosos en su universo que ya han creado. Querer disfrutar rememorando es un estado natural al que nos agrada regresar. Lo único que pretendemos es hacerlo accesible e irreversible para todos, convertirlo en un derecho mundial.

—Es obvio que nuestras posturas son vías que van en direcciones opuestas, nunca se encontrarán. Los sujetos queremos ser sorprendidos por la vida, no existir reviviendo, recordando, repitiendo el pasado, algo que ya no está, ya no es. «Agua pasada no mueve molino». Si suprimimos el prefijo «re» nos queda la experiencia limpia, lo inesperado por descubrir, la energía en movimiento, vital, incesante y espontánea.

Lawrence Alma-Tadema: Safo y Alceo

—Evidentemente no puede haber entendimiento, más deben saber que las leyes velarán por proteger el derecho al bienestar de la ciudadanía, lo cual se traduce en una ausencia de delitos y una vida bienaventurada, plenamente satisfactoria. Los que no ingieran la capsula serán considerados presuntos violadores sociales, egoístas e irresponsables, enemigos del progreso por poner en peligro la vida edénica que todos anhelan, y serán castigados por el bien de la comunidad y  especialmente el suyo propio.                                     

 Se da por concluido el acto. Agradecemos al patrocinador ‘Sumum Bonum’ la genial iniciativa que supondrá una revolución sin precedentes.

—Pero, ¿acaso no lo podéis ver? Es una manipulación, un trampantojo existencial, os están encadenando a un infierno disfrazado de paraíso, muy atractivo y sugerente…aunque no deja de ser una proyección de cine. No es real,  lo que os prometen  ya lo sois, no necesitáis pastillas. Es una paradoja, un bucle infinito, cada día más enfermos, cada día mejor curados.

—……… (carreras)

—¡Seguridad!  ¡Alto! ¡No huyan!

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